Tuberculosis: los niños población de riesgo

Tuberculosis: los niños población de riesgo

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Tuberculosis

TUBERCULOSIS: LOS NIÑOS, POBLACIÓN DE RIESGO
Los pacientes pediátricos que habitan en condiciones precarias son doblemente víctimas debido a la falta de prevención y a la demora en el diagnóstico.

La tuberculosis se desarrolla en un determinado contexto de riesgo ambiental, social, sanitario e individual; por lo que su incidencia es prevenible y curable. La diabetes y el VIH/sida, sumados a desnutrición, alcoholismo, drogadicción, condiciones precarias y tratamientos con determinados fármacos inmunodepresores, son factores que exacerban la virulencia del bacilo infectante y llevan al desarrollo de formas más graves.

Su efecto en los países en desarrollo y su impacto continúo en la salud global va en ascenso. El último informe realizado por la Organización Mundial de la Salud en 2014, refiere 9 millones de casos nuevos, aunque se calculan otros 3 millones no detectados, y 1,5 millones de muertes en el mundo (el 60% son hombres y 13% VIH positivos).

El diagnóstico de esta enfermedad es sencillo, sobre todo en las formas pulmonares con un simple examen de flemas y el tratamiento gratuito es eficaz en la mayoría de los casos.
Las personas que tienen tos o flemas durante más de 15 días, tos con sangre, dolor de pecho, fiebre, cansancio, pérdida de peso y/o sudores nocturnos deben consultar a un centro de salud para su diagnóstico.

Tuberculosis en niños y adolescentes
La ocurrencia de casos de tuberculosis pediátricos y adolescentes evidencia la transmisión activa de la enfermedad en la población. Los niños enfermos son centinelas de la circulación de la infección en la comunidad.

El método más eficaz para descubrir niños infectados consiste en investigarlos como contactos de adultos o adolescentes enfermos. La baja tranmisividad del niño enfermo limita la repercusión inmediata sobre la dinámica de la epidemia en la comunidad.

Los pacientes pediátricos son doblemente víctimas, en la exposición que no fue prevenida y en la demora en el diagnóstico, para un tratamiento temprano.

Las conductas que permiten una mayor alerta en son:
– Rescatar el antecedente de contacto en la anamnesis en toda consulta.
– Sospechar tuberculosis frente a: adenopatía periférica indolora, patrón radiológico miliar y/o cavidad pulmonar, tumefacción articular crónica, meningitis a líquido claro.
– Cultivo bacteriológico de todos los materiales disponibles.
– Notificar al Programa Nacional de Control de Tuberculosis los casos diagnosticados y su tratamiento.

Múltiples técnicas de diagnóstico y aplicación de nuevas drogas y esquemas de tratamiento son los avances de este siglo. La mayoría de estas herramientas están disponibles en nuestro país, aunque no siempre fácilmente accesibles y hay una amplia motivación en la comunidad médica en la búsqueda de conocimiento sobre la tuberculosis, para afrontar su tratamiento y seguimiento. Sin embargo, todavía queda un largo camino por andar en la concientización de la sociedad y la instrumentación de estrategias para el cumplimiento efectivo del tratamiento.

Asesoró: Dra. María Cristina Cerqueiro. Médica Pediatra Neumonóloga. MN 50745. Coordinadora de la Sección Tuberculosis de la AAMR. Consultora de Tisiología Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez.

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