Siempre es necesario el goteo?

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dr carlos burgo destacada goteo

Siempre es necesario el goteo?
Diferencia y protagonismo en el momento de parir

Una de las intervenciones más frecuentes vinculadas al inicio del trabajo de parto, o realizada en algún momento de su evolución, es la colocación de un “goteo intravenoso” (que consiste en una aguja introducida en una vena del antebrazo y conectada a una tubuladura de polietileno y ésta a un frasco de solución fisiológica). En esta solución habitualmente se introduce una cantidad variable de la hormona ocitocina sintética, que es la que produce la actividad del útero: contracciones.

La gran mayoría de las mujeres que han atravesado y atraviesan el parto pueden relatar la experiencia de este goteo de distintas maneras.

Frecuentemente hacen referencia a este goteo con el término de inducción. Pero es necesario aclarar la diferencia que existe entre lo que denominamos ‘inducción’ con la llamada ‘conducción’ del parto. En primer término, la inducción es la aplicación de una serie de intervenciones con el objeto de desencadenar el parto: es decir que el goteo con ocitocina es una de las intervenciones que se realiza para provocar contracciones con el objeto de que el trabajo de parto comience con las modificaciones iniciales del cuello del útero y su dilatación.

En la conducción del parto, el goteo de ocitocina se coloca cuando ya existen contracciones y hay algún grado de dilatación del cuello del útero.
Es decir, forma parte de las intervenciones cuyo fin es lograr que el parto ocurra con la mayor rapidez posible y para lograrlo, este goteo produce contracciones muy frecuentes e intensas, con lo cual crea la necesidad de practicar una anestesia peridural.
Ambas situaciones, como decíamos, son las que atraviesan la mayoría de las mujeres al final de su embarazo, siendo abrumadora la falta de una indicación adecuada y oportuna para su realización.

Llegado el final del embarazo, la complejidad de los cambios que se fueron produciendo en el crecimiento y desarrollo del bebé y en el cuerpo de la madre, desencadenan con distintas modalidades el trabajo de parto. A veces, con cambios precoces en la maduración del cuello del útero (algunos días antes de la fecha del parto), y en otras oportunidades estos cambios se producen sobre la fecha o pasados algunos días.
El elemento más importante en este desencadenamiento y el desarrollo del parto es debido a la producción de una hormona llamada ocitocina por parte de la glándula hipófisis que se encuentra ubicada en la base del cerebro.
El hecho fundamental y relevante en relación con esta producción fisiológica de ocitocina y su acción sobre el útero es que en condiciones saludables dicha producción y la respuesta en el avance del parto están íntimamente influenciadas por algunas condiciones biológicas (por ejemplo, el cansancio de la madre) y fundamentalmente por las circunstancias externas e internas que determinan el estado emocional de la mujer (desinformación, temor, soledad, mal trato, abandono, falta de acompañamiento adecuado, estímulos descalificantes, urgencias, etc.)
Estas causas son determinantes a los efectos de la evolución del trabajo de parto. La incapacidad para tolerar los tiempos que la natural fisiología del mismo establece para su comienzo y por las características singulares de cada mujer en cuanto a su evolución, llevan a la práctica cada vez más dada de iniciar el trabajo de parto artificialmente (inducción del mismo), muchas veces apelando a distintas razones para no llegar a la fecha establecida de antemano.

Y en prácticamente la totalidad de los partos asistidos, aún con el comienzo espontáneo de la actividad del útero, se coloca inicialmente un goteo con ocitocina para regular y controlar la marcha del mismo y su evolución en el menor tiempo posible.

Claro que todo esto no es gratuito para la futura madre. Estas contracciones incrementadas, anulan la posibilidad de que el propio organismo y una situación emocional favorable por parte de la madre autoregulen la actividad del útero, en intervalos variables a lo largo de la duración del parto. No es además gratuito porque la mayor incomodidad muchas veces se torna intolerable y aparece justificada la anestesia peridural, que resulta en inmovilidad de la madre, imposibilidad de la búsqueda espontánea de diversas posiciones para parir, episiotomía en posición acostada con las piernas levantadas, y con frecuencia bebés que son separados inmediatamente de la madre para realizar maniobras de reanimación, justificadas por esa cadena de procedimientos.

Es decir que la colocación de un goteo de ocitocina sin haber comenzado el trabajo de parto (inducción), sólo debe estar indicado en situaciones muy precisas, que señalen la interrupción del embarazo, para preservar la salud de la madre o del niño (que son escasas), ya que en su mayoría son desmentidas por el elevado número de inducciones que se realizan. Más aún, esta intervención del goteo con ocitocina se transforma en un hecho universal para “conducir” el parto en los tiempos necesarios para los asistentes, sin tomar en cuenta las necesidades de cada mujer. Los partos son conducidos casi en su totalidad en el medio institucional, y es esta una decisión que convalidan muchas futuras mamás.

Tanto la inducción del parto como su conducción, son procedimientos valiosos para resolver situaciones que presumen alteraciones en la salud de la madre y el bebé.

Pero ambas, transformadas en una actitud rutinaria vinculada al reemplazo de la actividad fisiológica contráctil del útero, llegan a incrementar innecesariamente el malestar del bebé y su mamá, y a terminar en un elevado índice final de intervenciones cesáreas (que superan el 50%) e intervenciones innecesarias sobre el recién nacido.

La naturaleza tiene previsto desde sus orígenes y así seguirá funcionando, la capacidad de cada mujer para producir la ocitocina necesaria, dentro de un entorno amigable, de respeto, de intimidad, de libertad, para que cada una pueda ser plena protagonista de su parto y el nacimiento de su hijo.

Dr. Carlos Burgo Médico obstetra y ginecólogo
mail.  cburgo@partohumanizado.com.ar
www.partohumanizado.com.ar
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