Preguntas
difíciles
¿Por
dónde salen los bebés? ¿Por qué papá
no vive más con nosotros?
¿Es verdad que los Reyes Magos son los padres? ¿Qué
quiere decir "morir"? ¿Por qué el abuelo "se
fue al cielo"? ¿Yo soy adoptado?
Alrededor
de los dos años de edad, a poco de comenzar a pronunciar con claridad
sus primeras palabras, los chicos aprenden a decir "por qué"
y desde ese preciso momento los padres pueden estar seguros de que serán
sometidos a una serie de pruebas muy difíciles de superar.
Las incómodas preguntas sobre la sexualidad o la muerte están
en el "top ten" ineludible de los chicos a la hora de descubrir
el mundo. A veces también incorporan otros temas abstractos, que
ponen en un brete a los padres desprevenidos.
La primera regla de oro a la hora de responder las tan mentadas "preguntas
difíciles" es decir siempre la verdad. Porque si el chico
descubre que sus padres, las personas en quienes confía, le mienten,
se siente traicionado y la relación se resiente.
Otra cuestión importantísima es limitarse a contestar sólo
lo que el chico está preguntando, que es lo que su psiquis está
preparada para entender. Si se lo llena de información que no requiere,
no la podrá procesar y sólo se le generará confusión.
Cuando la pregunta no nos deja en claro cuál es la duda, siempre
se puede indagar, preguntar cuál es exactamente la inquietud.
Y las respuestas deben darse con palabras que ellos entiendan, con su
lenguaje y su vocabulario.
Los chicos necesitan siempre una información precisa y corta.
Al contestarles en el momento que surgen las inquietudes, se los estará
estimulando para que tengan ganas de saber y aprender. Además descubren
que hay alguien que los escucha.
Eso hace que se sientan contenidos y les da la confianza necesaria para
hacer luego otras preguntas.
Lo más importante es, cuando no se sabe algo, no mentirle, no inventar.
Porque el chico intuye que lo engañan; siente que no lo toman en
serio, que no se toma en cuenta lo que él dice, y para él,
su duda es una gran preocupación.
Es preferible, cuando no se sabe algo, decirle: "mirá, en
este momento no lo sé"; "lo voy a averiguar"; "dejame
que lo piense" o "lo voy a charlar con tu papá",
pero nunca dejarlo
sin una respuesta.
De
dónde venimos
Hay edades en que los chicos tienen temas que les interesan más
que otros. Todo lo que se relaciona con la sexualidad, la procreación
y los hermanitos puede aparecer cuando se entera que algún conocido
va a tener un bebé. De lo contrario, ese interés comienza
a partir de los tres años y se va acrecentando entre los cuatro
y los cinco.
Cuando el chico pregunta "¿de dónde vienen los bebés?"
habrá que indagar: "qué quiere decir de dónde
vienen?, ¿Por dónde salen o cómo llegan hasta la
panza de la mamá?", para ir distinguiendo qué es lo
que pregunta exactamente.
Antes de preguntar algo, ellos ya tienen una teoría armada. Pero
es una teoría mágica y fantástica. Es muy común
que los chicos fantaseen con que si comen algo quedan embarazados. Además,
a los cuatro años todavía no hay una diferencia sexual en
el sentido de reconocer la función de cada uno de los sexos. No
diferencian quién puede tener un bebé o no. Por eso es bueno
comenzar a decirles: "la mamá o las mujeres son las que tienen
bebés".
Muchas veces, más o menos a los tres años, si van a tener
un hermanito, tienen la fantasía que es de ellos, que les pertenece
a ellos y a la mamá. Porque todavía no tienen una noción
clara de la función paterna.
Algunas madres refuerzan esto, dándoles la razón. En realidad,
deben decirles: "es tu hermano, lo hicimos mamá y papá".
Como los chicos no saben cuál es la función que cumplen
el hombre y la mujer para tener un bebé, si uno les dice que "los
padres se quieren y se aman y se abrazan fuerte", pueden entender
que ellos también pueden tener un bebé.
Es importante decirles cuál es la diferencia, con su vocabulario.
La
muerte
Las preguntas sobre la muerte aparecen aproximadamente a partir de los
cuatro a seis años. No necesariamente tiene que morirse un familiar,
aunque si ocurre, seguramente van a preguntar. Los chicos que sufren la
muerte de algún familiar cercano antes de esta edad, lo viven mucho
más naturalmente que una persona adulta.
No saben exactamente de qué se trata, no tienen mucha noción
de lo que le pasa a esa persona que se murió. Pero uno debe darles
alguna explicación, religiosa o no, sobre dónde está
esa persona. Algunos les dirán que está enterrado; otros,
que su alma está en el cielo y los cuida... o que los recuerdos
y el amor que se tienen de esa persona están dentro del corazón.
Siempre hay que dejar en claro que esa persona no va a volver, para no
generar expectativas. Es necesario ver qué palabras se usan y,
aunque sea muy doloroso, siempre es mejor la verdad que la mentira.
Claro que a veces se dicen mentiras piadosas, como parte de un juego.
Papá Noel, los Reyes Magos... son parte de una tradición
cultural y suelen ser otro tema difícil. Lo cierto es que los chicos
no toman a mal la trampa cuando descubren que los padres se encargaban
de comprar los regalos. Generalmente lo asumen como parte del crecimiento
y se hacen cómplices de los papás. No se debe insistir en
la mentira cuando los chicos descubren la verdad y preguntan si es cierto
que los Reyes son los padres.
El menú de "preguntas difíciles" se multiplica
si a las clásicas sobre la sexualidad y la muerte se agregan aquellas
sobre cuestiones abstractas. También ciertas circunstancias de
la vida, como un divorcio, hacen complicada una respuesta. Aunque en el
caso de la separación, los chicos suelen no sorprenderse -porque
perciben el conflicto desde antes- y es probable que no pregunten al respecto
hasta que comiencen a vivir la realidad de la separación. En ese
caso, nuevamente, hay que ir con la verdad y dejar en claro que una cosa
es la función de padres -que no se termina- y otra, el amor de
una pareja.
¿Hay
preguntas difíciles?
...O somos los adultos quienes no sabemos responder, porque tal vez tampoco
nosotros tenemos una respuesta clara a esa duda o pregunta de nuestro
hijo. Tal vez esa inquietud nos angustia, nos compromete con alguna realidad
que todavía no asumimos. Entonces; son las respuestas nuestras
que se tornan difíciles. Para ellos es algo normal. Están
descubriendo el mundo, preguntan con naturalidad. Mientras los padres
se devanan buscando la forma más sencilla de contestar eso que
les genera pudor o que no pueden ni explicarse a sí mismos.
¿Qué
pasa cuando un niño no pregunta?
Puede suceder que un chico no pregunte nada. Cuando ocurre
esto, es bueno comenzar a buscar algún punto de diálogo
para ver qué anda pasando. Porque quizás está muy
metido en sus fantasías o no se anima a preguntar.
La idea no es preguntarle: "¿vos qué creés de
la muerte?" ó"¿sabés cómo vienen
los bebés al mundo?. Se pueden comprar cuentos muy lindos, donde
se explica sobre esas inquietudes típicas, como para estimularlo
a que pregunte.
Es fundamental crear vías de comunicación para que el chico
se anime a preguntar. Porque un chico que pregunta cuando es niño,
va a preguntar cuando sea adolescente, que es lo que más le preocupa
a los padres.
Cuanto más grandes se vienen los hijos, más complicado se
vuelve entablar una comunicación.
Un buen diálogo hay que iniciarlo en los primeros años de
vida.
El diálogo entre padres e hijos, no debería empezar con
las preguntas de los chicos, sino mucho antes.
La comunicación comienza desde el adulto hacia el pequeño.
Es necesario dar explicaciones de lo que vamos a hacer y lo que al niño
le va a suceder durante el día. Esta verdad concreta, dicha con
palabras claras, organiza el entendimiento de los chicos y construye la
estructura emocional sostenida por la lógica. Por Ej. Hoy, después
del desayuno, mamá se va a ir a trabajar, pero después voy
a volver y podremos estar juntos y jugar... vos vas a ir al jardín...
después de bañarte vamos a cenar... etc.
Esto es comunicación, incluso mucho antes de que un niño
hable, es decir antes del año, aproximadamente.
A esto llamamos comunicación cotidiana.
Las palabras son la traducción de lo que sucede, de lo que pasa.
Somos los adultos los mediadores entre externo y el interno. Con esta
manera de comunicarnos, va hacerse menos dificultosa la posibilidad de
preguntar, de dialogar, de confiar. Es un ejercicio de la vida diaria.
¿Qué
significa decir la verdad?
Primero uno mismo debe poder conectarse con su verdad, con sus sentimientos,
con sus dudas, con su situación ambivalente. Reconocer lo que le
pasa. Cuando puedo comprender de qué se trata, puedo explicar qué
pasa, respondiendo a cualquier pregunta.
Diferenciar entre lo que pasa y lo que me pasa. Debemos hablarles a nuestros
hijos desde el corazón. Siempre teniendo en cuenta cómo
un niño mira el mundo y la realidad. Lo que más importa
es, qué decimos y cómo lo decimos!!
La verdad no es linda o fea, buena o mala, simplemente... ES!!!
El niño necesita que se le explique con palabras que él
pueda comprender y que den nombre a sus sentimientos y emociones, para
que luego él pueda expresarlas
La verdad siempre sana!!!
Lic.
Analía Mitar
Psicóloga
amitar@tutopia.com |