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Al parto con papá

La mayoría de los papás de hoy no quieren perderse ninguna clase de pre-parto. Esperan con ansiedad el momento de ponerse el mameluco verde y el barbijo para entrar a la sala de partos, cambiarle los pañales a su hijo recién nacido y esperar el provechito después que la mamá le dé su comida.
Los papás están asumiendo un rol cada vez más importante durante el embarazo y va en aumento el número de hombres que quieren presenciar el nacimiento de sus hijos.
Y cuando no lo hacen, ya no es porque no se animan, sino porque muchas veces la mujer así lo prefiere, pensando que estará más tranquila, y la presencia de su pareja la pondría más nerviosa, tal vez en la antigua creencia del hombre débil frente al parto.
La participación activa del padre es muy positiva. Se ha comprobado que las mujeres que son acompañadas por su pareja necesitan menos medicamentos para superar el dolor; e incluso que los lazos afectivos entre padre e hijo se fortalecen.

Es una oportunidad inolvidable que, hoy día, está inducida por los médicos.
Hasta hay especialistas que creen que en el futuro se podrá permitir la presencia de toda la familia durante el parto.
Hay médicos que hasta dan la opción al padre de cortarle el cordón a su hijo, un hecho que acrecienta su responsabilidad y hace aún más significativa, valiosa y participativa su presencia en el nacimiento.
Sin embargo muchos papás llegan al parto presionados por sus mujeres y los médicos aseguran advertirlo cuando los futuros papás preguntan antes de entrar si, por las dudas, pueden salir.
La presión ejercida sobre ellos no es intencional, pero es vivida como tal por el sólo motivo de ser menos tenidos en cuenta a lo largo del embarazo. Los hombres participan desde afuera en el proceso de gestación de su hijo. Por eso sus fantasías son aún más intensas que las de las mujeres.
Y es cierto; prestar la debida atención al papá es algo que recientemente se está comenzando a practicar. Hasta no hace mucho tiempo, tanto la psicología como la medicina demostraron poco interés por los papás. Sus temores, ansiedades y deseos eran temas a los que no se les daba demasiada trascendencia.
Por eso, la experiencia de presenciar el parto les otorga una mayor seguridad. No obstante la decisión de estar en ese momento debe ser tomada con total libertad para que la experiencia valga la pena y la emoción sea vivida plenamente.
Antes, los hombres que decidían presenciar el nacimiento y acompañar a sus mujeres lo hacían por un mandato cultural. Hoy en día, por suerte, ha perdido vigencia; está claro que serán tan buenos padres esperando afuera como estando adentro.
El vínculo con la madre es totalmente incondicional; el del padre es más una relación que permite al niño desarrollarse en un contexto en el que impera, además de la ternura, una legalidad que se va trasmitiendo a través de las generaciones.
El tema debe ser abordado por la pareja y discutido entre sus integrantes con tranquilidad, y si fuera necesario, charlado también con el obstetra. El "porque sí", el "porque no". Qué quiere cada uno y qué espera para ese momento. Y en el caso que la mujer desee su presencia y el hombre no esté de acuerdo, sean cuales fueran sus motivos, ella no debe sentirse sola o abandonada.
Por eso, lo importante es que cada papá mantenga intacto su rol frente al hijo y pueda tener la plena libertad de elección.

Lic. Amalia Novatti
Psicóloga

amano@fibertel.com.ar


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