Niños
al borde de un ataque de nervios
El objetivo
de esta nota es pensar el problema desde la perspectiva del niño,
para entender qué le está pasando y en función de
ello, pensar cómo actuar.
Propusimos tres grupos de conductas bien diferenciados, para organizar
la amplia gama de situaciones que convocan a la puesta de límites
y que vamos a retomar para profundizar y determinar qué respuestas
son las más adecuadas desde el punto de vista del adulto.
Entonces, considero que se puede hablar de LIMITE en tres sentidos diversos:
a)
LIMITE A LA DESCARGA DE AFECTO, en este nivel se ubica el BERRINCHE,
descarga explosiva de afecto, muchas veces sin motivo aparente, ya que
se trata de un conflicto interno, puede suceder que el deseo o fantasía
interna no coincida con lo exterior y el pequeño estalle en llanto
(por ejemplo al sentarse a comer y encontrarse con otro vaso que no es
el esperado).
Es importante tener en cuenta que en este nivel, el niño no dirige
su conducta al adulto, "no se lo hace a nadie", sino que es
interno y lo que siente es un estallido. Al tratarse de una explosión
, es necesario que exista una descarga. A veces la descarga termina sola,
sin ayuda, pero en general se hace necesario intervenir para generar un
freno (o límite) porque los niños pequeños muchas
veces no pueden " parar solos".Esto quiere decir que se ofrece
un límite desde afuera, para que luego el límite pueda ser
interno, es decir que el niño pueda crear su propio límite
interno. La manera de ofrecer un límite, es frenando la angustia
con amor, una caricia, un abrazo, un beso; para calmar, bajar la tensión,
a la que el propio niño está expuesto. Al límite
físico ofrecido, se le debe agregar un límite verbal, ayudándolo
a pensar la situación vivida, ya sea en ese momento o en otro (a
veces después de vivir una crisis de angustia no se está
en condiciones de escuchar), para que pueda elaborar.
El berrinche es una modalidad característica del niño pequeño,
que cuando no se lo ayuda a frenar, la tensión irrumpe de manera
masiva frente a cualquier circunstancia que resulte conflictiva. Si se
implementan aquí retos o castigos, se produce un incremento de
tensión aún mayor y el niño estará sometido
a un nivel de angustia a la que no le podrá dar una resolución
autónoma favorable. En ese momento no puede entender, justamente
que lo que se trata es de ayudarlo a que elabore los conflictos, de forma
tal que le posibilite simbolizar y dar lugar al crecimiento psíquico.
El berrinche es una modalidad que debe tender a ser abandonada hacia los
tres años de edad, se diferencia del capricho, básicamente
porque el niño no crea la situación, sino que la padece.
En general no sabe por qué reacciona de esa manera y no está
dirigida a conseguir algo. En el ejemplo del vasito, anteriormente citado,
es la no coincidencia entre lo esperado y lo encontrado, lo que produce
angustia, y el niño sufre esa angustia. No llora para conseguir
el otro vasito, sino porque lo que se encontró es distinto a lo
que él esperaba. La oferta de límite entonces, le permite
frenar la angustia y ver como soporta esa diferencia, ayudándole
a pensar que lo encontrado (y no esperado) puede también ser atractivo.
b)
Un segundo sentido que se puede pensar respecto de los límites,
se relaciona con la diferenciación corporal, es decir PONER LIMITE
AL CUERPO PROPIO, diferenciándolo del cuerpo del otro.
Se ubican aquí las problemáticas referidas a la demanda
de presencia del adulto, presentándose situaciones muy variadas,
que van desde," estar al lado " hasta" poder estar"
o " hacer solo".
Respecto de su propio cuerpo, el niño va adquiriéndo autonomía
, en un largo proceso que implica mucho esfuerzo psíquico.
Aprender a comer solo, a vestirse, a bañarse, a limpiarse después
de ir al baño, a dormir sin otro...son pequeñas tareas cotidianas
que le demandan un gran trabajo al niño.
Este esfuerzo
tiene que ver con dos cuestiones:
a) un esfuerzo
de aprendizaje, ya que son situaciones nuevas para las cuales hay que
implementar conductas nuevas no conocidas, y b) un esfuerzo de renuncia
al placer que produce ,en relación al cuerpo, que se lo haga el
otro adulto. Es decir que hasta ese momento en que no podía solito,
la ayuda de los padres, aportaba un plus de placer (al bañarse,
al dormir,etc) al que hay que decir que no, al hacerlo en forma autónoma.
Muchas veces los niños que se niegan a adquirir conductas autónomas
en relación al cuerpo, se niegan a renunciar a este placer o a
renunciar a su posición de "chiquito", a su propia imagen
de bebé dependiente.
La oferta de límites se da en este nivel, ofreciendo un estímulo
al crecimiento, es decir, que el niño pueda cargar de manera positiva
la imagen de sí mismo como grande e independiente. Se renuncia
al placer a cambio del amor (a sí mismo y a los padres).
Una situación frecuente de este nivel es el tema del dormir. La
demanda del niño que se pasa a la cama de sus padres, es una demanda
de contacto corporal y presencia afectiva para poder conciliar el sueño.
También acá se hace necesario pensar qué recursos
se ofertan para "sustituir"el cuerpo y la presencia del adulto.
Si el niño acostumbra a dormirse abrazado al adulto, hay que pensar
que no va a renunciar a eso fácilmente y que a esa pérdida
hay que ofrecerle objetos distintos: juguetes, canciones ,cuentos o la
presencia del adulto sin contacto directo, resaltando en todo este proceso
la importancia del cuarto o la cama del infante como propia.
También se ubica aquí el complejo proceso del control de
esfínteres, proceso que puede ser pensado de esta manera como adquisición
de un límite corporal, a la salida automática de heces y
orina. A esto se renuncia, para "hacerse grande".
c)
Finalmente un tercer nivel para pensar el límite, refiere al límite
al narcisismo, esto quiere decir, LIMITE AL PROPIO YO.
Este es el nivel de mayor exigencia para el adulto. Es la conocida etapa
de los CAPRICHOS, que a diferencia de los berrinches, están dirigidos
al adulto. Se presentan como un desafío a la voluntad del otro
y la afirmación del propio yo. Se traducen en frases como "yo
quiero, para mí, etc.", que chocan con la decisión
o afirmación que viene desde el adulto. Acá si se debe pensar
que "me lo hace a mí". Hay una conducta intencional y
dirigida a otro. Por este motivo se considera que es una conducta más
compleja que el berrinche, siendo muy frecuente entre los tres y cuatro
años de una manera aguda y disminuye a partir de los cinco o seis.
Aunque por la índole de problema que plantea, se presente en distintos
momentos de la primera infancia y se replantea como problemática
de identidad en la pubertad y adolescencia (y no ya como problema ligado
a la omnipotencia del Yo).
Este es el nivel más complejo, donde hay que sostener el límite
con sanciones, donde muchas veces la palabra pierde su peso en el momento
inmediato de la pelea Yo a Yo, pero no hay que perder de vista que la
única manera en que el aparato psíquico puede elaborar,
esto quiere decir, dar sentido a lo que pasa, es a través del lenguaje.
Teniendo en cuenta la complejidad de este momento, hay que pensar qué
métodos de puesta de límites son eficaces; que en este nivel
son importantes las acciones del adulto como sanciones (no se trata solamente
de hablar) pero si la acción no va acompañada de lenguaje
en otro momento (no siempre es momento de decir, hay que buscar el momento
adecuado, que implica que el niño pueda escuchar y el adulto pueda
hablar) , no se puede dar sentido a lo que sucede en la relación
padres-hijo, ya que hablar implica dar lugar a las emociones que disparan
estas situaciones , que son complejas y diversas tanto del lado del niño
como del adulto.
Se pone en juego en este sentido, la capacidad del infante de aceptar
que hay reglas exteriores a su propio Yo, que debe aceptar aunque no quiera
o tenga ganas o no le guste. Son estas las situaciones que se presentan
con respeto a los horarios de la vida familiar, el respeto por las pautas
escolares, por los hábitos de higiene, etc., que nunca se asumen
directamente y sin conflicto.
Es en este nivel donde se puede hablar de las cuestiones más prácticas
de la puesta de límites: cómo sancionar, qué castigos
implementar, etc,. En primer lugar, hay que pensar que por lo complejo
de esta problemática, no existe EL METODO, más eficaz, sino
que no hay métodos que son eficaces por sí mismos (es mejor
mandarlo al cuarto que prohibirle la tele?), sino que hay que poder pensar
el método y su eficacia en el contexto que surge el problema, y
esto quiere decir pensar en lo que le sucede al niño y a la relación
con sus padres.
Cabe mencionar aquí, que el castigo físico, por mas "leve"
que sea, quizás frene la situación momentáneamente
o a más largo plazo, por miedo del niño al castigo. Hay
que tener en cuenta entonces, que lo que se le ofrece al niño,
no es del orden de la elaboración psíquica, sino del "miedo",
es decir, no es que el niño entiende que "tiene límites
para sí mismo", sino que sostiene el límite por temor
al golpe. Esto no produce crecimiento psíquico.
Respecto de las amenazas y castigos, se decía anteriormente que
son muy variadas, que hay que pensarlas en relación a aquello que
al niño le resulte una pérdida (ver tele, comer golosinas,
recibir regalos,etc) y agregar aquí, que el enojo o silencio de
los padres, implica algo valioso para un niño, no solamente se
trata de objetos que puede perder sino que se involucra el afecto de los
adultos.
Para terminar resulta importante poner énfasis, en la importancia
que tiene la puesta en palabras de cualquier situación conflictiva
con los hijos, no para "charlar"en vez de enojarse o castigar
o poner un freno, sino para pensar que la única manera de elaborar
un conflicto, es pensando en lo que sucedió y para ello el lenguaje
es el recurso con el que contamos los seres humanos, adultos y niños.
Como síntesis podemos señalar que, respecto del problema
de los límites, se puede pensar que PONER UN LIMITE, ES OFRECER
UN LIMITE, lo cual le permite al niño PRODUCIR LIMITES PROPIOS,
límites en relación a su deseo, a su cuerpo o a su propio
yo.
Lic. Mara
Sverdlik
Psicoanalista de niños
marasver@ciudad.com.ar |