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Jugar es cosa seria

Jugar, para los bebés, es una forma de conocer el mundo y conocerse a sí mismos. Los ayuda a socializarse. Los niños, a través del juego, logran descargar la líbido o energía sexual. Es una tarea tan productiva como el trabajo para los adultos y, de la misma forma que a los grandes, les permite aumentar la autoestima. Por eso no es bueno que los chicos resten demasiadas horas del jugar, como acción, frente al televisor o a la computadora.
El bebé empieza a jugar desde que nace. Pero juega de una manera especial: comienza jugando con la mirada y con la boca, en realidad lo único que siente que tiene y que le pertenece. Con la mirada, a través de reflejarse en la de su mamá y de lo que ella le devuelve. Y con la boca a través de la teta o de la mamadera, recibiendo no sólo alimento para el cuerpo, sino para el ser, el amor, la futura propia identidad.
Luego, el bebé aprende a reconocer que tiene boca, empieza a chuparse la mano, y así la descubre. Son todos juegos autoeróticos porque son referidos a sí mismo y a su cuerpo. Además le dan placer. Una de las características principales del juego es precisamente permitir la diversión, el disfrutar, el goce y el placer. A partir de que el bebé reconoce que tiene manos, puede comenzar a interactuar con objetos externos. Por ello lo primero que hace es llevarse todo a la boca.

Recién ahí los adultos consideran que los chicos empiezan a jugar, cuando interactúan con objetos externos. Pero en realidad antes pasaron por todo este recorrido de autoconocimiento que también constituye un juego, con objetos propios.
Jugar es muy importante porque ayuda al chico a estructurar su psiquismo. Por ejemplo, a partir del octavo mes, cuando el bebé empieza a desarrollar la posibilidad de empezar a darse cuenta de la ausencia de la madre. Un juego muy bueno es el de taparse y destaparse. A través de ese juego el chico aprende a simbolizar la ausencia.
Si la mamá se tapa la cara, aunque el chico vea el resto del cuerpo, como para él lo que existe es la mirada -porque no tiene una visión total del otro-, cree que ella desapareció. Cuando se destapa, siente la alegría porque la mamá ha vuelto. Lo mismo ocurre cuando el que se tapa es él. Una vez que el bebé puede simbolizar la ausencia, logra jugar solo. Porque posee el principio de " objeto permanente", es decir, la idea de que el objeto, la mamá, puede estar en otro lugar y así aparece también la noción de un lugar y un espacio paralelo.
Jugar es cualquier producción que el chico haga: dibujar, pintar, recortar, amasar con plastilina, juegos de mesa, con muñecos. Todas estas acciones están hablando del jugar como producción.

El juego es creativo del mundo interno. Todo lo que el chico siente que le está pasando lo recrea en el juego, en el mundo externo. Así, mediante el juego, el chico revive lo que le está pasando en su mundo interno. Vive activamente algo que vivió pasivamente, ya sean situaciones traumáticas, angustiantes, de alegría, de estrés.
El ejemplo más claro es el de una nena que juega a ser la mamá. Siempre juega con una muñeca y la trata como la mamá la trata a ella. Reproduce activamente todo lo que vive pasivamente con su propia mamá. De esa manera el juego contribuye a elaborar estos conflictos, situaciones positivas o negativas. Porque el chico puede hacer algo con lo que le pasa. Al no tener la posibilidad de un adulto de hablar y a través del lenguaje manifestar lo que le pasa... se expresa a través del juego.
El juego también es sublimación. Esto quiere decir que la energía que se llama libido -la energía sexual-, en lugar de canalizarla hacia juegos autoeróticos se dirige y se sublima a través del juego. De esta forma el juego contrarresta la masturbación, lo que no significa que ésta sea algo malo.
Por otra parte, en el juego se marca la diferencia entre la mamá y el bebé. De este modo el chico puede socializarse, entrar en la cultura y ser creativo. Si no fuera por la sublimación, el chico seguiría jugando solo, ensimismado con partes de su propio cuerpo.
Actualmente los chicos ya no juegan todo lo que deberían. A veces la escuela y el jardín son los únicos ámbitos en los que el chico juega. Los padres viven tan estresados que no se sientan a jugar con ellos. También pasan muchas horas frente a el televisor o computadora.
No quiere decir que esté mal que jueguen con la computadora. Pero es un tipo de juego muy diferente que en el que se pone todo el cuerpo. Por más que tenga toda una pedagogía atrás, por lo general son juegos de racionalización, de intelectualización, donde muchas veces no hay elaboración de situaciones vividas por el niño, de conflictos, de emociones y de crear situaciones nuevas.

Los chicos de hoy muchas veces no tienen tiempo para jugar y esto es muy delicado. Porque últimamente se ven muchos casos de estrés, con sobreadaptación, con graves problemas de neurosis -cuando son más adultos-, falta de límites o chicos que están totalmente agresivos porque no tienen la posibilidad de descargar en el juego todo lo que sienten y les pasa.
Además, viven en departamentos chiquitos, van a escuelas chicas donde no pueden correr ni saltar. Y hoy se los tilda de chicos que no están adaptados, que son hiperkinéticos. Pero, en realidad, cualquier chico de cualquier nivel socioeconómico y de cualquier época necesita moverse. Claro que como ahora los espacios son más chicos, se nota más.
Es muy importante que los padres puedan recuperar este espacio de jugar, ya que esto acerca a los padres y los hijos, abre vías de comunicación. A través del juego los chicos nos pueden decir cosas que les están pasando.

El juego les permite, además, desarrollar la confianza en sí mismos y en el otro. En sí mismos, porque al poder jugar solos, saben que quien no está presente en ese momento, existe en otro lado. Desarrollan la autoestima, porque son capaces de producir algo. Cuando el chico juega no hay que invadirlo, no hay que interferir, hay que darle tiempo. También es importante no obligarlo a que juegue si no tiene ganas.
Muchas veces los chicos parecen desordenados, dejando los juguetes tirados. Pero a veces no se trata de desorden, sino que esto es también parte del juego. Y si un adulto se lo saca, está interfiriendo. Cuando el chico termina de jugar se le puede enseñar que las cosas tienen un lugar y que hay que guardarlas. Pero mientras tanto hay que darle la posibilidad de manifestarse, palpando, tocando actuando y jugando a su manera en este mundo.
Hay que preparar la casa para esto porque, ya sabemos, jugar es algo muy serio.

Lic. Analía Mitar
amitar@tutopia.com


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