Los
chicos y el sol
¿Cómo
y por qué debemos cuidarlos del sol? ¿Por qué se
considera imprescindible la protección solar en la infancia? ¿Pueden
los niños menores de un año estar expuestos en forma directa
al sol? ¿Cómo elegir una buena protección?
Al
sol y a la energía que emana debemos nuestra existencia, la vida
animal y vegetal. El conjunto de radiaciones solares constituye el espectro
electromagnético del sol, pero la mayor parte de las radiaciones
son frenadas por la atmósfera y llegan a la tierra tamizadas a
través de la capa de ozono que envuelve al planeta. De no ser así
los seres vivos no podríamos soportar la totalidad de las radiaciones
ultravioletas.
¿Por
qué debemos cuidarnos del sol?
Porque la exposición solar es la causa más frecuente de
cáncer de piel. El mejor camino para prevenirlo es protegernos
de las radiaciones ultravioletas. Las radiaciones ultravioletas B (UVB)
producen daños inmediatos, como ampollas y eritema o enrojecimiento,
mientras que las radiaciones ultravioletas A (UVA) provocan daños
tardíos como fotoenvejecimiento y cáncer de piel.
¿Por
qué se dice que el sol está "más fuerte"?
Porque las cifras de cáncer de piel se han incrementado y la causa
radica en el adelgazamiento de la capa de ozono.
¿Quiénes
tienen mayor riesgo de padecer cáncer de piel?
Las personas con piel y ojos claros, los que se ponen en forma prolongada
al sol; los que han tenido episodios de quemaduras solares durante la
infancia; quienes poseen un familiar directo con antecedente de cáncer
de piel y las personas con muchos lunares.
¿Por
qué se considera imprescindible la protección solar en la
infancia?
Está comprobado que el riesgo de cáncer de piel se relaciona
directamente con la exposición solar durante la niñez y
con el tipo de piel. Influye la cantidad de radiaciones recibidas a lo
largo de toda la vida, pero sobre todo antes de los 15 años. Dado
que la mayor cantidad de radiaciones se reciben antes de los 18 años,
la fotoprotección antes de esta edad es prioritaria y sumamente
importante para la salud.
¿Cómo
proteger a los niños del sol?
Antes del año de vida los bebés no tienen la cantidad suficiente
de melanina que los proteja, por eso hay que cuidarlos más que
nunca. Los niños menores de un año no deben exponerse al
sol en forma directa. Además los protectores solares están
contraindicados antes de los 6 meses, dado que sus componentes químicos
pueden resultar tóxicos para los bebés. Después de
esa edad la fotoprotección (uso de protectores solares) es muy
importante en la infancia.
¿Qué
se debe considerar al elegir un buen fotoprotector?
En cuanto los protectores solares, es conveniente que posean un índice
de protección alto, superior a 40 (para los niños). Si es
posible utilizar los fabricadas por laboratorios que aseguren controles
serios y confirmados, dado que no siempre el número que figura
en el envase es fiel reflejo de la realidad. Deben elegirse los productos
a "prueba de agua", que resisten el contacto con el agua y la
transpiración. Filtran principalmente los rayos ultravioletas B
y secundariamente los ultravioletas A, que son los que dañan la
piel en forma tardía.
¿Cómo
se aplica adecuadamente un protector solar?
La aplicación del protector debe realizarse en todo el cuerpo 30
minutos antes de exponerse al sol y debe repasarse cada 2 ó 3 horas,
sobre todo si el niño estuvo en contacto con el agua o transpiró
mucho.
Es importante colocarlo especialmente en los hombros, las orejas, los
empeines y el dorso de la nariz.
Reglas
para la protección solar en la infancia:
Es importante tener en cuenta que la aplicación de un protector
disminuye o evita el enrojecimiento, pero no nos libera totalmente del
riesgo de las radiaciones ultravioletas y de tener que cumplir con las
normas de cuidado para exponernos al sol.
Mantener a los bebés y niños pequeños fuera del alcance
de las radiaciones solares, ubicándolos en lugares frescos con
sombra permanente. Es aconsejable llevarlos a la playa la menor cantidad
de tiempo posible, en horarios adecuados: antes de las 11 de la mañana
o después de las cuatro de la tarde.
Evite el sol del mediodía, cuando los rayos ultravioletas son más
intensos. Elija y busque la sombra de un árbol, techo o sombrilla.
Limite o controle el tiempo de exposición bajo los rayos del sol,
teniendo en cuenta la edad del niño, el horario y la estación
del año. Recuerde que las nubes dejan pasar las radiaciones y que
la arena, el agua, la nieve, las paredes blancas y el cemento reflejan
o aumentan su acción y pueden alcanzar a los niños, aún
a la sombra. La resolana y la niebla no ofrecen protección.
No olvide colocarles gorro o sombrero (o una remera si están muy
expuestos) Las prendas de algodón blancas son las más adecuadas.
El mar sensibiliza y reblandece la piel de los labios. Para hidratarlos
se puede usar manteca de cacao o manteca común.
No use jabón perfumado ni les ponga colonia, dado que en contacto
con el sol, también pueden manchar la piel.
Luego de la exposición solar es conveniente utilizar sustancias
que refrescan e hidratan la piel. Se presentan en forma de espuma, lociones,
cremas o spray.
Algunos medicamentos (como los antibióticos) pueden ser fotosensibilizantes,
o sea que pueden aparecer manchas o reacciones cutáneas si se exponen
al sol durante el tratamiento.
En esos casos conviene extremar las precauciones.
Los días soleados y de exposición solar los niños
deben ingerir abundante cantidad de agua.
Conclusiones:
- No usar
protectores solares en menores de 6 meses.
- Evitar
que jueguen mucho rato cerca de superficies claras (terrazas, arena,
agua) porque reflejan los rayos del sol y son lugares de sobreexposición
solar.
- No exponerlos
al sol entre las 11 y 16 horas.
- Si está
tomando algún medicamento (como un antibiótico) es mejor
que no vaya a la playa.
- Aplicar
el protector aún en los días nublados
- La mejor
prevención del cáncer de piel comienza en la infancia,
con en el cuidado y con la forma de exponerse al sol.
- Hable
con su familia y amigos, en el colegio o en su trabajo, sobre las pautas
de protección solar.
Es importante conocer los riesgos de las exposiciones solares continuas
y prolongadas a lo largo de toda la vida, fundamentalmente cuando han
existido enrojecimiento o quemaduras solares.
Dra. Silvina
Cuartas
Médica pediatra |