Niños Tiranos

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Niños tiranos de M Trica

Si hacemos un recorrido histórico podemos ver como se ha ido modificando la relación de padres- hijos. Si los padres de hoy pensamos en la relación de nuestros propios padres con nuestros abuelos notamos en éstos una posición bien definida: de características más bien dominantes, temidas, una autoridad inalcanzable.
Estaba muy claro que era lo que estaba bien y lo que estaba mal.
Estos límites tan rígidos en verdad cercenaban la libertad de los niños favoreciendo el ocultamiento y los secretos familiares en líneas generales, avalados por la figura materna, colocando al padre en un lugar de temor, el clásico “ya vas a ver cuando venga tu padre”.
Acompañados por cambios sociales significativos, guerras, reformas, conquistas sociales, la autoridad empezó a ser cuestionada así como también los valores. De la autoridad paterna incuestionable se pasó al otro extremo en donde los hijos empezaban a ser quienes debían enseñar a estos mayores a vivir, discurso enraizado en las consecuencias devastadoras de las guerras, de una sociedad en la que el lema era haz lo que digo pero no lo que hago, muy preocupados por las apariencias y el que dirán.
Del serás lo que debas ser o si no, no serás nada, pasamos al déjalo libre y déjalo ser.
Ambos extremos generan dependencia e incertidumbre.
Dentro de este marco Jaime Barilko describe el siglo XX como el siglo del niño. Que su majestad “el niño” determine cuál será su rumbo, su destino. Libertad!!!!!!!
Aparece el concepto de los niños tiranos. Podemos hablar de un síndrome o es una cuestión de educación. Educar hoy resulta un desafío, es la época del llame ya y del microondas pero a veces para que la carne este tierna y gustosa necesita ser cocinada a fuego lento.
Los primeros tres años del niño son fundamentales en la crianza. Los lóbulos frontales, donde está el área emocional, se desarrollan dentro de los tres primeros años de vida.
Si tienes un niño pequeño que no te ayuda recoger los juguetes, o que hace lo que quiere, a quien se le satisfacen todas sus demandas porque ya va a tener tiempo para sufrir, lo más probable es que para cuando te acuerdes de decirle que “no”, crea que es el centro del universo y que los planetas necesitan de su luz para vivir. Y en esta idea de omnipotencia no va dejar de pedir lo que sea para mantener este lugar. Si les trasmitimos que tienen derecho a todo van a vivir en esa idea. Son niños a quienes no se les enseñó a decir gracias, por favor, etc, y que el derecho de uno termina donde comienza el del semejante. No le enseñamos a auto controlarse. A medida que este niño crece sus padres son menos eficaces para protegerse y ante este abandono reacciona con más exigencias y agresividad.

Pero para educar hay que saber decir que no. La mejor prevención consiste en establecer con claridad lo que se puede y lo que no. Son los padres que han sido educados en la rigidez, con un camino sobredeterminado, los que hoy tienen el desafío de educar, y que por lo tanto oscilan entre pautar rígidamente el camino de los hijos, a apostar a su felicidad, a educarlos en la premisa de que hagan lo que sientan, lo que desean.
Se ha pasado del “serás lo que debas ser” al “se feliz, se lo que quieras ser, elige”. Pero este mensaje vacío, tan poco claro, con tanta falta de expectativas concretas genera temor e incertidumbre por la falta de puntos de referencia, de muelles en donde anclarse y detenerse a mirar el paisaje con la tranquilidad de saber que alguien nos espera del otro lado. Muchos padres creen que es mejor poner límites desde el ser amigo, pero la simetría también genera inseguridad
Un límite está basado en un principio de orden. Los límites organizan, son cercos al costado del camino. Nos protegen. Nos cuidan.
A continuación les damos algunas sugerencias que demostraron ser exitosas en el desarrollo de las habilidades parentales para lograr que los niños hagan caso. Estas sugerencias sólo son efectivas si se sostiene desde el afecto y no desde la agresión.

• Un elemento básico es el acuerdo entre los padres con respecto a las normas. Aún si los padres estuvieran separados, la autoridad compartida es un elemento sustancial para fortalecer a la pareja parental.
El desacuerdo y la desautorización los debilita. Evite el desacuerdo con su pareja delante de los niños. Si un miembro de la pareja. dice una cosa y la otra parte manifiesta lo contrario, el niño aprovechará para sacar ventaja de esa situación. Es importante intentar ponerse de acuerdo con la pareja antes de hablar con los hijos. Desautorizarse entre los miembros de una pareja es el mejor camino para que los niños hagan lo que les parece.
• Manténganse firme. La coherencia y la consistencia son ingredientes claves para que un límite sea efectivo. La consistencia es la capacidad de sostener las normas o consecuencias establecidas. Esto nos ayuda a ser creíbles. Los niños están constantemente poniendo a prueba la consistencia de los padres. Para esto es mejor no poner una penitencia si no estamos seguros de poder cumplirla.
• Evite los sermones. Si su hijo no cumple, aplique consecuencias lógicas devengadas de su conducta.
• Evite amenazas.
• Sea claro y conciso.
• Mire a su hijo a los ojos y asegúrese de que haya entendido lo que usted le pidió.
• No use frases como: “por favor te podés bañar”, o “por favor me podés hacer caso”. Los límites deben cumplirse.
• Dirija la conducta “Acá tenés el baúl para guardar los juguetes”.

Algunos consejos prácticos
Establezca rutinas Las rutinas hacen que los niños se sientan seguros. El final del día es un momento de estrés tanto para padres como para los niños. Es el momento en el que se dan las mayores situaciones de conflictos. Armar una rutina antes de dormir puede ayudar a evitar estas crisis (contar un cuento, compartir un momento juntos en una actividad que ayude a relajarse).

Berrinches : Cuando el niños está enojado (frecuentemente esto aparece después de un “no”), intente distraerlo. Si el niño pierde el control, acérquese y abrácelo. Si esto no funciona, asegúrese que el niño este en un lugar seguro y espere que se calme. Es mejor esperar a que se calme y no hablar de la situación en ese momento. Los niños se asustan mucho y se avergüenzan de sus propias acciones, Prepárese para confortarlo después y aproveche esa situación para introducir alternativas de solución.
Consecuencias lógicas y naturales. Si es seguro, deje que su niño experimente las consecuencias e sus propias acciones.
“El niño está jugando con los bloques y los revolea. Usted le dice “si no podés jugar con los bloques sin revolearlos, los voy a guardar”. El niño continúa en la misma postura y usted. los guarda.
Si por el contrario el niño está haciendo algo peligroso, retírelo de la situación y explique las consecuencias más tarde
Tiempo fuera: esta es una técnica que puede usarse desde niños de 2 a 12 años.
Si el niño no cumple con lo que se le pide, siga estos pasos:
1. lleve al niños a un lugar tranquilo para que se calme
2. Explique que hace esto porque no está comportándose adecuadamente
3. Cuando esté listo para intentar otra vez, llévelo a jugar
4. Elogie el comportamiento deseado después del tiempo fuera.
(el tiempo que se calcula es un minuto por año).

Cómo prevenir el mal comportamiento

Para comenzar:
• Haga de su hogar un lugar seguro, retire del alcance de los niños objetos valiosos o peligrosos
• Cuando salga lleve juguetes
• No deje que el niño esté demasiado cansado, con hambre o aburrido (estos son los ingredientes perfectos para los berrinches).

Establezca reglas justas y simples
• Establezca límites claros, con reglas simples y asegúrese que el niño entiende lo que se espera de él.
• Priorice, concéntrese en lo que el niño puede hacer y no en lo que no puede.

Sea positivo
• Los niños responden mejor a un lenguaje positivo que a uno negativo.
• No utilice la crítica o el insulto.
• De a su niños tiempo para responder. Dele algunos minutos de aviso cuando tengan que abandonar algo que les guste como mirar la tele o dejar de jugar para cenar o dormir.
Lic. Martha Trica
Mat. N° 18384
mtrica@fibertel.com.ar