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La sexualidad durante el embarazo
Los grupos de reflexión sobre la sexualidad durante el embarazo, dirigidos a parejas que esperan un hijo, nos formulan constantemente preguntas que muchas veces ni el médico obstetra y mucho menos nuestro sistema de educación se han atrevido a enfrentar abiertamente.
El afán puesto en un buen desarrollo del trabajo de parto y en la atención del recién nacido, logran desviar la atención de la relación entre la futura madre y el futuro padre y del fortalecimiento del vínculo de la pareja como el mejor sostenedor en la construcción de la nueva familia.
Como si una vez cumplido su cometido, como reproductora y mantenedora de la especie, la sexualidad debiera replegarse hasta poder encontrar nuevamente una via de expresión, aceptada y privilegiada a través de otra concepción. El que no se la prestigie como debiera, tal vez obedezca a que su ejercicio durante el embarazo pone al descubierto su independencia de lo reproductivo, quedando de manifiesto su función esencial en el intercambio de placer entre un hombre y una mujer. Cuesta entonces comprender al embarazo como la mayor evidencia de la sexualidad de una pareja por un lado, y la sexualidad compartiendo el ámbito de lo materno.
Aparecen los mitos de la mujer embarazada semivirgen, asexuada, convalidada hasta hace muy poco por una moda de ropa casi infantil, inocente, que en lugar de resaltar las nuevas ondulaciones, se empeñaba en ocultarlas tras un mono cómplice. Ni siquiera alguna foto en revistas o películas que ayudaran a construir una imagen de mujer sexual, como las que se nos permiten ver en cualquier escena erótica; y si alguien se atrevía a encontrarlas atractivas desnudando fantasías bajo carpas de jumperes y retratos de imágenes rosadamente perfumados sobre una mecedora, se trataba de un perverso sexual de quien había que desconfiar. Para las embarazadas sólo quedaba la ternura, el afecto, los antojos, los dulces, los mimos, las concesiones, los privilegios y como me dijo una vez una embarazada: Y con la calentura que..?". Porque si revisamos algo de la fisiología durante la gestación nos encontramos con una excitación aumentada por la vasodilatación de la pelvis, un aumento de la lubricación vaginal a partir del 3er. mes, un mayor desarrollo de la llamada plataforma orgásmica del tercio inferior de la vagina, la aparición de orgasmos múltiples aun cuando antes no se habían manifestado , y hasta una carga sexual constante, que mantiene vivo el deseo aun después de la etapa de resolución del orgasmo, ya que es más lenta y no alivia tan eficazmente la tensión.
Si todo esto está sucediendo en el cuerpo de la mujer, por qué será que muchas mujeres no sienten deseo, o que lo vean disminuido especialmente en el 1ro. y 3er. trimestre? Estamos nuevamente frente a un fenómeno en que todos los factores intervienen simultáneamente: los tópicos síntomas de los primeros meses, como aumento en el sueño, fatiga, sensación de náuseas, la adaptación al nuevo esquema corporal, y las emociones que esto despierta, el no encontrar la posición adecuada para hacer el amor, la necesidad de replegarse sobre sí misma, son algunas de las razones que inhiben el deseo.
También el hombre vive momentos de cambio, se enfrenta con su paternidad, sus miedos, se siente a veces excluido de esa relación corporal tan estrecha entre su hijo y su mujer y no sabe como incluirse. Teme que la penetración del pene en la vagina pueda dañar al bebé o desencadenar en su mujer el trabajo de parto; se asusta de sus propias sensaciones si descubre el erotismo en la maternidad de su mujer. Se pregunta si no le afectará en su sexualidad presenciar el parto de su mujer en el nacimiento de su hijo. Se encuentra frente a un cuerpo distinto que desea pero teme recorrer. Hombre y mujer atraviesan una crisis, crisis que entendida como riesgo y oportunidad al mismo tiempo los enfrenta con la posibilidad de enriquecer la sexualidad que tenían hasta entonces. Es el momento de ampliar las posibilidades de contacto, de recuperar zonas de placer olvidadas o tal vez desconocidas, de probar nuevas vías de gratificación, tal vez con la boca, con las manos, o en otras posiciones. El ya no necesario cuidado anticonceptivo también es un factor que predispone a un encuentro sexual mas espontáneo.
Las dificultades y hasta las posibles contraindicaciones médicas para un coito con penetración penevaginal pueden transformarse en un verdadero desafío para la creatividad de a dos. Descontraer la pelvis y ondular las caderas está facilitado ahora por la relaxina, hormona que flexibiliza las articulaciones, atendiendo las necesidades del parto, es una buena oportunidad para desplegar en el juego sexual. El aumento en el tamaño de los pechos es para muchas parejas fuente de excitación aun cuando en el momento del orgasmo se observa una perdida involuntaria del control de leche, una evidencia mas de lo enlazados que están los procesos de ser mujermadre y mujersexual. En muy poco tiempo el hijo de ambos adquirirá otra presencia y traerá sus demandas, exigirá algo de un tiempo que antes sólo les pertenecía a los dos, el espacio se inundará de nuevos olores, nuevos sonidos, tal vez algunas renuncias, o simplemente postergaciones. Pero mas allá de cuarentenas y sueños mal dormidos, papá y mamá, hombre y mujer, defenderán ese espacio que aprendieron a conquistar durante los nueve meses de embarazo y lo preservarán seguros de transmitir a la prole con la unión de sus cuerpos el deseo y el amor por la intimidad.


Lic. Viviana Tobi

Psicóloga especializada en maternidad y paternidad
info@tobinatal.com.ar
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