Alrededor de los dos años de edad, a poco
de comenzar a pronunciar con claridad sus primeras
palabras, los chicos aprenden a decir "por
qué" y desde ese preciso momento los
padres pueden estar seguros de que serán
sometidos a una serie de pruebas muy difíciles
de superar.
Las incómodas preguntas sobre la sexualidad
o la muerte están en el "top ten"
ineludible de los chicos a la hora de descubrir
el mundo. A veces también incorporan otros
temas abstractos, que ponen en un brete a los padres
desprevenidos.
La primera regla de oro a la hora de responder las
tan mentadas "preguntas difíciles"
es decir siempre la verdad. Porque si el chico descubre
que sus padres, las personas en quienes confía,
le mienten, se siente traicionado y la relación
se resiente.
Otra cuestión importantísima es limitarse
a contestar sólo lo que el chico está
preguntando, que es lo que su psiquis está
preparada para entender. Si se lo llena de información
que no requiere, no la podrá procesar y sólo
se le generará confusión. Cuando la
pregunta no nos deja en claro cuál es la
duda, siempre se puede indagar, preguntar cuál
es exactamente la inquietud.
Y las respuestas deben darse con palabras que ellos
entiendan, con su lenguaje y su vocabulario.
Los chicos necesitan siempre una información
precisa y corta.
Al contestarles en el momento que surgen las inquietudes,
se los estará estimulando para que tengan
ganas de saber y aprender. Además descubren
que hay alguien que los escucha.
Eso hace que se sientan contenidos y les da la confianza
necesaria para hacer luego otras preguntas.
Lo más importante es, cuando no se sabe algo,
no mentirle, no inventar.
Porque el chico intuye que lo engañan; siente
que no lo toman en serio, que no se toma en cuenta
lo que él dice, y para él, su duda
es una gran preocupación.
Es preferible, cuando no se sabe algo, decirle:
"mirá, en este momento no lo sé";
"lo voy a averiguar"; "dejame que
lo piense" o "lo voy a charlar con tu
papá", pero nunca dejarlo sin una respuesta.
De dónde venimos
Hay edades en que los chicos tienen temas que les
interesan más que otros. Todo lo que se relaciona
con la sexualidad, la procreación y los hermanitos
puede aparecer cuando se entera que algún
conocido va a tener un bebé. De lo contrario,
ese interés comienza a partir de los tres
años y se va acrecentando entre los cuatro
y los cinco.
Cuando el chico pregunta "¿de dónde
vienen los bebés?" habrá que
indagar: "qué quiere decir de dónde
vienen?, ¿Por dónde salen o cómo
llegan hasta la panza de la mamá?",
para ir distinguiendo qué es lo que pregunta
exactamente.
Antes de preguntar algo, ellos ya tienen una teoría
armada. Pero es una teoría mágica
y fantástica. Es muy común que los
chicos fantaseen con que si comen algo quedan embarazados.
Además, a los cuatro años todavía
no hay una diferencia sexual en el sentido de reconocer
la función de cada uno de los sexos. No diferencian
quién puede tener un bebé o no. Por
eso es bueno comenzar a decirles: "la mamá
o las mujeres son las que tienen bebés".
Muchas veces, más o menos a los tres años,
si van a tener un hermanito, tienen la fantasía
que es de ellos, que les pertenece a ellos y a la
mamá. Porque todavía no tienen una
noción clara de la función paterna.
Algunas madres refuerzan esto, dándoles la
razón. En realidad, deben decirles: "es
tu hermano, lo hicimos mamá y papá".
Como los chicos no saben cuál es la función
que cumplen el hombre y la mujer para tener un bebé,
si uno les dice que "los padres se quieren
y se aman y se abrazan fuerte", pueden entender
que ellos también pueden tener un bebé.
Es importante decirles cuál es la diferencia,
con su vocabulario.
La muerte
Las preguntas sobre la muerte aparecen aproximadamente
a partir de los cuatro a seis años. No necesariamente
tiene que morirse un familiar, aunque si ocurre,
seguramente van a preguntar. Los chicos que sufren
la muerte de algún familiar cercano antes
de esta edad, lo viven mucho más naturalmente
que una persona adulta.
No saben exactamente de qué se trata, no
tienen mucha noción de lo que le pasa a esa
persona que se murió. Pero uno debe darles
alguna explicación, religiosa o no, sobre
dónde está esa persona. Algunos les
dirán que está enterrado; otros, que
su alma está en el cielo y los cuida... o
que los recuerdos y el amor que se tienen de esa
persona están dentro del corazón.
Siempre hay que dejar en claro que esa persona no
va a volver, para no generar expectativas. Es necesario
ver qué palabras se usan y, aunque sea muy
doloroso, siempre es mejor la verdad que la mentira.
Claro que a veces se dicen mentiras piadosas, como
parte de un juego. Papá Noel, los Reyes Magos...
son parte de una tradición cultural y suelen
ser otro tema difícil. Lo cierto es que los
chicos no toman a mal la trampa cuando descubren
que los padres se encargaban de comprar los regalos.
Generalmente lo asumen como parte del crecimiento
y se hacen cómplices de los papás.
No se debe insistir en la mentira cuando los chicos
descubren la verdad y preguntan si es cierto que
los Reyes son los padres.
El menú de "preguntas difíciles"
se multiplica si a las clásicas sobre la
sexualidad y la muerte se agregan aquellas sobre
cuestiones abstractas. También ciertas circunstancias
de la vida, como un divorcio, hacen complicada una
respuesta. Aunque en el caso de la separación,
los chicos suelen no sorprenderse -porque perciben
el conflicto desde antes- y es probable que no pregunten
al respecto hasta que comiencen a vivir la realidad
de la separación. En ese caso, nuevamente,
hay que ir con la verdad y dejar en claro que una
cosa es la función de padres -que no se termina-
y otra, el amor de una pareja.
¿Hay preguntas difíciles?
...O somos los adultos quienes no sabemos responder,
porque tal vez tampoco nosotros tenemos una respuesta
clara a esa duda o pregunta de nuestro hijo. Tal
vez esa inquietud nos angustia, nos compromete con
alguna realidad que todavía no asumimos.
Entonces; son las respuestas nuestras que se tornan
difíciles. Para ellos es algo normal. Están
descubriendo el mundo, preguntan con naturalidad.
Mientras los padres se devanan buscando la forma
más sencilla de contestar eso que les genera
pudor o que no pueden ni explicarse a sí
mismos.
¿Qué pasa cuando un niño
no pregunta?
Puede suceder que un chico no pregunte nada. Cuando
ocurre esto, es bueno comenzar a buscar algún
punto de diálogo para ver qué anda
pasando. Porque quizás está muy metido
en sus fantasías o no se anima a preguntar.
La idea no es preguntarle: "¿vos qué
creés de la muerte?" ó"¿sabés
cómo vienen los bebés al mundo?. Se
pueden comprar cuentos muy lindos, donde se explica
sobre esas inquietudes típicas, como para
estimularlo a que pregunte.
Es fundamental crear vías de comunicación
para que el chico se anime a preguntar. Porque un
chico que pregunta cuando es niño, va a preguntar
cuando sea adolescente, que es lo que más
le preocupa a los padres.
Cuanto más grandes se vienen los hijos, más
complicado se vuelve entablar una comunicación.
Un buen diálogo hay que iniciarlo en los
primeros años de vida.
El diálogo entre padres e hijos, no debería
empezar con las preguntas de los chicos, sino mucho
antes.
La comunicación comienza desde el adulto
hacia el pequeño.
Es necesario dar explicaciones de lo que vamos a
hacer y lo que al niño le va a suceder durante
el día. Esta verdad concreta, dicha con palabras
claras, organiza el entendimiento de los chicos
y construye la estructura emocional sostenida por
la lógica. Por Ej. Hoy, después del
desayuno, mamá se va a ir a trabajar, pero
después voy a volver y podremos estar juntos
y jugar... vos vas a ir al jardín... después
de bañarte vamos a cenar... etc.
Esto es comunicación, incluso mucho antes
de que un niño hable, es decir antes del
año, aproximadamente.
A esto llamamos comunicación cotidiana.
Las palabras son la traducción de lo que
sucede, de lo que pasa.
Somos los adultos los mediadores entre externo y
el interno. Con esta manera de comunicarnos, va
hacerse menos dificultosa la posibilidad de preguntar,
de dialogar, de confiar. Es un ejercicio de la vida
diaria.
¿Qué significa decir la verdad?
Primero uno mismo debe poder conectarse con su verdad,
con sus sentimientos, con sus dudas, con su situación
ambivalente. Reconocer lo que le pasa. Cuando puedo
comprender de qué se trata, puedo explicar
qué pasa, respondiendo a cualquier pregunta.
Diferenciar entre lo que pasa y lo que me pasa.
Debemos hablarles a nuestros hijos desde el corazón.
Siempre teniendo en cuenta cómo un niño
mira el mundo y la realidad. Lo que más importa
es, qué decimos y cómo lo decimos!!
La verdad no es linda o fea, buena o mala, simplemente...
ES!!!
El niño necesita que se le explique con palabras
que él pueda comprender y que den nombre
a sus sentimientos y emociones, para que luego él
pueda expresarlas
La verdad siempre sana!!!
Lic. Analía Mitar
Psicóloga
amitar@tutopia.com