¿Qué es el linfoma?
Un linfoma es un cáncer del sistema linfático.
Éste integra el sistema inmunológico
de defensa del organismo, está formado por
una red de vasos llamados linfáticos, que
transportan un líquido blanquecino llamado
linfa donde circulan nutrientes, anticuerpos y linfocitos,
que son células sanguíneas que tienen
que ver con la defensa contra tumores e infecciones.
Estos vasos desembocan en los ganglios linfáticos.
Los ganglios se distribuyen en grupos simétricos
por todo el cuerpo, y pueden ser accesibles a la
vista o a la palpación en ingles, cuello
y axilas. Son detectables en tórax, abdomen
y pelvis mediante radiografías u otros medios
que producen imágenes. Existe tejido linfático
en las amígdalas, el tubo digestivo, el bazo,
el timo y la médula ósea.
Se clasifica a los Linfomas en dos grandes
grupos:
El Linfoma o Enfermedad de Hodgkin con sus distintas
variantes, caracterizado por la presencia de la
llamada célula de Reed Sternberg, que no
aparece en el otro grupo. Su incidencia va decayendo
en los últimos años.
Los Linfomas llamados "No Hodgkin", cuya
incidencia está aumentando notablemente en
los últimos años y abarca unos treinta
tipos diferentes.
La única forma de hacer el diagnóstico
correctamente es a través de una biopsia
del tejido linfático afectado (el cual se
detecta por un aumento de su tamaño que lo
hace visible), con técnicas de imágenes
o por la simple palpación. Los síntomas
que presentan en general son inespecíficos,
como por ejemplo cansancio, fiebre, sudoración
nocturna; y eso puede hacer que se los confunda
con enfermedades menos serias como un estado gripal,
una infección viral banal o una mononucleosis.
Actualmente muchos linfomas, diagnosticados tempranamente
y tratados adecuadamente por especialistas pueden
ser curados. Los tratamientos consisten en quimioterapia,
que puede recibirse sola o combinada, con inmunoterapia
realizada con anticuerpos monoclonales, o con radioterapia.
Esta última puede utilizarse exitosamente,
en algunos casos, como única terapia.
El trasplante es una opción para pacientes
que presentan recaídas, con inefectividad
de los tratamientos de primera línea. Puede
ser autólogo utilizando células madre
del propio paciente (obtenidas de la médula
ósea sana o de sangre periférica luego
de una estimulación especial); y seguramente
en el futuro, de sangre de cordón umbilical
almacenada en el momento del nacimiento, para quienes
hayan decidido preservarla.
En casos especiales, en los que la respuesta a los
tratamientos convencionales o al trasplante autólogo
es inadecuada, se puede hacer trasplante alogénico,
siempre que se consigan células compatibles,
ya sea de médula, sangre periférica
o cordón umbilical de un donante histocompatible.
¿Qué son las células
madre?
Las células madre son células capaces
de generar otras células idénticas
a sí mismas y generar también células
que pueden, mediante determinados estímulos,
adquirir una función especializada; como
por ejemplo, las que forman parte de un órgano
o tejido.
Nacen cuando se produce la fecundación del
óvulo por el espermatozoide y ese huevo o
zigoto comienza a dividirse. Siempre hay células
que mantienen esa característica de ser „madres‰
al mismo tiempo que algunas de las células
„hijas‰ van diferenciándose para
dar origen a todos los órganos y tejidos
del organismo. Al momento del nacimiento hay un
número elevado de células madre circulando
en la sangre.
Dentro de los vasos de la placenta y del cordón
umbilical, al separar al recién nacido, queda
un remanente de la sangre que circulaba, la que
puede recolectarse y crío preservarse, de
manera de contar con células madre 100% compatibles
para el caso de ser necesitadas en el futuro por
ese recién nacido, o bien, en el caso de
ser donada, para alguien que está en algún
lugar del mundo, no tiene células propias
ni donantes compatibles y necesita un trasplante.
Trasplante de células madre como parte del
tratamiento de linfomas
En aquellos casos en los que los tratamientos convencionales
con quimioterapia y/o inmunoterapia y/o radioterapia
no impiden la recaída del paciente con linfoma,
una de las posibilidades de tratamiento es emplear
quimioterapia y/o radioterapia en altas dosis, ya
que al aumentar las dosis de los agentes terapéuticos,
algunos cánceres entran en remisión
y eventualmente se curan.
El problema es que indefectiblemente estas dosis
dañan la médula ósea de tal
manera que, si no se regenera mediante células
madre propias o ajenas histocompatibles, el paciente
finalmente moriría por insuficiencia medular.
Si se han podido recolectar, previamente al tratamiento,
células madre sanas de su médula ósea
o de su sangre periférica estimulada (o bien
tiene almacenadas células de su cordón
umbilical) el trasplante autólogo es la primera
elección, ya que el trasplante alogénico
tiene una mortalidad asociada al procedimiento mucho
más alta que la del autólogo; sobre
todo cuando proviene de alguien que no es de la
familia del enfermo.
Se prefiere el trasplante alogénico en los
casos de falta de respuesta al tratamiento convencional
y/o al trasplante autólogo, con múltiples
recaídas, para aprovechar la acción
inmunológica que las células extrañas
(alogénicas) puedan ejercer sobre las células
cancerosas; lo que le daría un plus al tratamiento
quimio/radioterápico.
Por lo tanto, la posibilidad de tener células
madre propias, 100% compatibles, sanas y funcionales,
que no estén contaminadas por un resto de
enfermedad no detectable (como podría ocurrir
con la médula o sangre del propio paciente),
tiene un gran valor; lo cual justificaría
la decisión de almacenar la sangre de cordón
en un Banco para uso propio. De todas maneras, si
en lugar de almacenarlas para el recién nacido,
la familia siente que donarlas les dará a
esas células un mejor destino, debe hacerlo
en un Banco Público (en nuestro país,
al Banco que funciona en el Hospital Garrahan).
Lo que de ninguna manera recomendamos es desechar
ese material que puede significar la diferencia
entre la vida y la muerte para una persona. Hasta
el momento, en la mayoría de los casos, lo
que se hace es desechar la sangre de cordón
umbilical al nacimiento, desperdiciando así
un recurso terapéutico de gran valor actual
y a futuro. Un verdadero derroche biológico.
Por el Dr. Román Bayo
Médico Hematólogo
Director Médico de MaterCell
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