Desde el nacimiento, el niño comienza un
proceso de apropiación de la lengua materna.
Los períodos más sensibles para el
desarrollo del leguaje son aquellos en los que el
cerebro alcanza mayor crecimiento madurativo (fundamentalmente
antes de los 3 años)
Existen pruebas experimentales que reflejan que
la lectura precoz, beneficia a los niños,
inclusive a los que poseen pocos meses de vida.
Las experiencias de estimulación temprana
influyen en todas las áreas del desarrollo,
como producto de una interacción compleja
y dinámica entre los factores genéticos,
biológicos y ambientales. La estimulación
familiar se basa en leerles desde temprana edad,
enseñarles figuras y ofrecerles juguetes
de pre-lectura, como ilustraciones, rompecabezas,
dibujos, modelos, figuras de cartón o de
plástico, que favorecen el desarrollo visual.
Como el lenguaje se desarrolla a través de
formas preverbales de comunicación, si los
padres incluyen la "lectura" a su repertorio
de actividades familiares, los libros se convierten
en objetos importantes. Antes del ingreso escolar
las narraciones satisfacen una necesidad emocional,
al dar lugar a la expresión de fantasías
y frustraciones. Estas vivencias tempranas y el
ejemplo que brindan los padres con hábitos
de lectura, "preparan" a los niños,
porque una vez que comprenden que las palabras escritas
transmiten un significado, se esfuerzan por descifrarlo.
Tienen la motivación requerida para decodificar
fonemas y palabras cuando ingresan a la escuela,
porque asocian a los libros con una fuerte carga
emocional positiva. Cuando esta preparación
falta, es lógico que aprender a leer sea
para ellos una tarea no gratificante y sin interés,
que por lo tanto tratarán de evitar.
Padres analfabetos o que no tienen hábitos
de lectura, pueden privar a los niños de
experiencias de prealfabetización. Muchas
personas consideran que sus hijos son demasiado
pequeños para entender los libros o que ya
tendrán suficiente ocasión de leer
cuando ingresen a la escuela. Es necesario engendrar
el anhelo por la lectura mucho antes del comienzo
de la escolaridad y debido a la especial relación
que existe entre los padres y los pediatras, es
sumamente importante que este tema sea hablado en
las consultas de salud, mucho antes del ingreso
escolar o de la iniciación de la enseñanza
formal.
Es importante estimular a los padres a que compartan
la lectura con sus hijos, aunque destacando siempre,
que no deben forzarlos a leer en forma prematura.
Si asocian simplemente connotaciones positivas,
aprenderán a hacerlo cuando adquieran las
aptitudes requeridas, en cambio si se los obliga
antes de tiempo, pueden llegar a sentir aversión.
Leerles tranquilamente, mostrándoles el libro,
hablarle acerca de los dibujos, es un estímulo
muy importante y a medida que el niño crece
comienza a imitar la lectura, haciendo que lee en
voz alta y pasando hojas, tal vez relatando o imaginando
alguna historia.
De todas las actividades que un padre puede compartir
con su hijo, la lectura ofrece grandes beneficios
para el futuro, porque el niño posee la atención
completa de un adulto a quien ama, el calor y la
comodidad de estar acurrucado junto a su cuerpo.
Además recibe el mensaje de que la lectura
es importante, que es una fuente de placer y de
información. La lectura en voz alta por parte
de los padres, no debe limitarse exclusivamente
a la infancia o delegarse a la escuela, a partir
del momento que aprenden a leer. Debe ser un placer,
una alegría, una forma de generar un pensamiento
crítico y estimular la imaginación.
Los primeros libros deben ser resistentes, de cartulina
gruesa para soportar un trato duro, propio de los
niños más pequeños, que los
golpean contra el piso, los lanzan o los llevan
a la boca, de la misma manera que lo hacen con otros
objetos que les interesan. Debido a que la lectura
debe empezar temprano, mucho antes que entiendan
las palabras, es aconsejable que los libros posean
dibujos coloridos, que el adulto les enseñe
a pasar las páginas y que vaya identificando
los objetos que aparecen. Una eficaz orientación,
estimula el compromiso activo de los padres y enriquece
la capacidad de nutrir las mentes de sus hijos.
El niño se humaniza hablando, adquiere la
palabra en la primera infancia y luego aprende a
servirse de ese instrumento. Según Piaget,
el lenguaje del niño es el medio para revelar
su pensamiento, que es esencialmente "egocéntrico"
(centrado en él mismo)
Leer o no leer en ningún caso es una cuestión
de vida o muerte, por lo tanto debemos pensar que
tal vez, detrás de los libros se esconde
el secreto de nuestra propia libertad. Porque leer
es un acto íntimo, somos nosotros los que
elegimos un libro, el que queremos y nos sumergimos
tranquilamente en su relato.
Es necesario hacer del libro un elemento más
del mundo, al lado de la televisión, de los
juegos o los paseos y transmitir además,
que el mundo de los libros y las palabras están
a la vista de todos, pero sólo le pertenecen
a los que hacen algo más que verlos, o sea
a los lectores.
El aprendizaje es un proceso permanente que se
extiende a lo largo de la vida, es la transformación
que tiene lugar en el cerebro cada vez que incorporamos
una información nueva o adquirimos el dominio
de una nueva habilidad. No es una acción
limitada exclusivamente a los colegios o a los profesores,
saber, leer, escribir, aprender matemáticas
o superar grados y niveles.
La cultura no se hereda, se aprende, se trasmite
externamente a lo largo de la vida. Es el modo en
que se realizan determinadas actividades (vestirse,
comer, abrigarse, leer, etc.) La tecnología
y la masificación de la información
han impreso su sello definitorio en este fin de
siglo, donde la televisión ofrece información
indiscriminada o nos permite ver pasar la vida sin
necesidad de hacer ningún esfuerzo por entenderla,
cabe preguntarnos y respondernos
Los libros nos muestran experiencias que nunca hemos
vivido o países y lugares maravillosos que
ignoramos. Se ha dicho que "un libro es como
una alfombra mágica sobre la cual podemos
volar a lugares desconocidos", porque las palabras
y la fuerza del relato, estimulan la imaginación,
ayudándonos a crear imágenes sucesivas.
Nada sustituye la sensación de leer un libro.
No son sólo las páginas o lo que ellas
revelan, sino también ese instante privado
en que un ser humano entra en comunicación
con ellas.
Conclusiones
- La lectura debe empezar temprano, mucho antes
que entiendan las palabras, ayuda a despertar
la curiosidad por descifrar palabras escritas,
favoreciendo posteriormente el hábito de
leer.
- Los primeros libros deben ser resistentes.
- La lectura es una forma de placer, de disfrute
personal, una manera de generar pensamiento y
de estimular la imaginación, que permite
iniciar a nuestros hijos en el proceso de aprendizaje
y trasmitirles cultura.
- Se ha comprobado que proporcionar libros sencillos
a niños en edad preescolar y entrenarlos
brevemente, hace que disminuyan las dificultades
de la lectura en los primeros grados.
Dra. Silvina Cuartas
Médica pediatra
Cristina Curia
Docente 1er. Ciclo EGB
Bibliografía consultada
Needlman R, Howard B y Zuckerman B: La alfabetización
y el pediatra.
Pediatrics in review. Vol. 11. N¤ 9, nov. 1990