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Para tener en cuenta
> Nota de la Dra. Silvina Cuartas
La importancia de flúor en la infancia

La leche materna posee una concentración de flúor de 0.008 p.p.m (partes por millón) constante e independiente de la concentración plasmática de flúor de la madre. Aún en áreas con agua fluoradas, si el niño está amamantándose, debería recibir suplementos fluorados para proteger la dentición primaria, dado que la concentración de flúor en la leche materna es baja.

La acción del flúor en dientes que aún no han erupcionado es mínima, en la mayoría de los casos la erupción dentaria se produce a partir de los 6 meses. El efecto protector de los fluoruros en el desarrollo de los dientes es sumamente importante durante la lactancia y en la primera infancia, porque cuando es incorporado durante la etapa formativa del diente, aumenta la resistencia a las caries debido a que es un activo protector de la dentina y mejora el desarrollo de los dientes. La actividad preventiva sobre las caries continúa hasta la edad adulta porque el flúor se incorpora al esmalte durante los períodos de formación de los dientes, pero la fijación dura toda la vida, haciéndolo más duro y resistente.

Se recomienda introducir a temprana edad la terapia sistémica con flúor en los niños de comunidades con agua bebible no fluorada, dado que existe una correlación inversa entre la incidencia de caries y la concentración de fluoruro en el agua bebida.

Los niños que comienzan a beber agua fluorada a cualquier edad se benefician parcialmente, pero los beneficios óptimos se obtienen antes de la erupción de los dientes permanentes. No hay pruebas convincentes que demuestren que los fluoruros por vía oral (sistémica) reduzcan la incidencia de caries dentales, después que los dientes permanentes están completamente formados. (13 a 14 años aproximadamente)

La suplementación con flúor comienza entre los 5 a 6 meses. Se administra en forma de gotas, que pueden darse con agua o directamente en la boca. A partir de los 3 años, en forma de tabletas, que deben disolverse en la boca para aumentar el efecto tópico.

El uso indiscriminado de suplementos de flúor puede producir “fluorosis sistémica” (exceso de flúor). Para evitar posibles riesgos, al recetar suplementos fluorados es necesario considerar el contenido de flúor del agua, los hábitos de alimentación, la edad, la dosis y otras formas de administración como la deglución inadvertida o deliberada de pasta dental con flúor. La práctica de cepillarse los dientes está ampliamente difundida en niños entre los 12 a 24 meses y alrededor de los 18 a 24 meses comienzan a utilizar pastas dentales con flúor. Un estudio realizado en Québec investigó el hábito de cepillarse los dientes con dentífricos fluorados en menores de 2 años, determinando que en un 20 % de los chicos la cantidad de flúor ingerida representaba una cantidad importante del total del flúor diario.

La cantidad promedio de flúor que es ingerida por los niños en cada cepillado es de 0,3 mg (cantidad que puede ser totalmente absorbida). Se calcula que la pasta dental deglutida puede sumar alrededor de 0,6 mg de flúor . La sumatoria diaria puede superar el suplemento recomendado para niños menores de 4 años, que es de 0,25 a 0,50 mg/día.

Aún en comunidades con fluoración óptima, los suplementos de flúor son útiles cuando se observa una incidencia elevada de caries en pacientes mayores de 6 años hasta los 11 a 13 años, edad en que termina la formación de las piezas permanentes.

Los pediatras deben asesorar a los padres para que utilicen pasta dental recién a partir de los 2 años de vida y en pequeñas cantidades, para evitar el riesgo de ingesta accidental de flúor. La cantidad apropiada de pasta dental debe ser aproximadamente del tamaño de una lenteja o menos y deben ser los padres quienes la administren. Los niños menores de 5 años deben usar una pasta con una concentración baja de flúor (500 a 600 p.p.m); los mayores de 8 años podrán usar una pasta dental con baja concentración de flúor o la pasta familiar, siempre y cuando sean supervisados y no ingieran cantidades suplementarias de flúor.

Los fluoruros administrados solos o en pasta tienen un nivel de absorción de 96 % por eso es necesario actuar con cautela en el empleo de pastas dentales tipo gel o sílice hidratado, con niveles elevados de flúor que ronda los 2500 p.p.m.

Los enjuagues son recomendados en zonas donde no se dispone de una fuente de agua fluorada. Pueden utilizarse con una frecuencia diaria, semanal o alterna. Si los niños tienen una edad suficiente para poder expeler por completo el enjuague, podrían beneficiarse con el uso de un enjuague diario, con baja concentración de flúor (0.05 % de fluoruro de sodio) y con una baja concentración de alcohol como solvente. En general se indican en niños mayores de 6 años con alto riesgo de caries, en pacientes con aparatología y en adultos con alta susceptibilidad a padecer caries dentales. Se contraindican si existe el uso de otro suplemento que incorpore flúor.

Se calcula que los niños menores de 6 años pueden ingerir entre un 19 a 75 % del flúor de una aplicación tópica. En zonas fluoradas se evaluará en niños mayores de 6 años según las necesidades individuales (una o dos veces por año).

Conclusiones
No es un elemento esencial para el metabolismo, pero su presencia en el cuerpo durante el período de formación de los dientes, hace que el esmalte dental sea menos soluble y por lo tanto más resistente. Favorece la capacidad del esmalte para la remineralización, retrasando la progresión de las caries y puede ejercer un efecto bactericida. No obstante se debe considerar su toxicidad potencial.


Es sumamente importante la vigilancia de la dosis que se administra y la consideración de otras fuentes de flúor, para evitar riesgos de toxicidad. Si el agua potable de la zona contiene más de 0.3 p.p.m de flúor la ingesta de suplementos fluorados está contraindicada. Los suplementos orales de flúor deberán ser considerados solamente en niños con alto riesgo de padecer caries y la decisión de indicarlos dependerá de las necesidades individuales de cada paciente.

La fluoración artificial del agua potable a la concentración de 1 p.p.m (1 mg/l) está desprovista de efectos deletéreos importantes; no necesita la cooperación del paciente, además el flúor actúa antes y después de la erupción de la pieza dental. Es la medida preventiva más segura, práctica, eficaz y de menor costo contra las caries dentales.
Las pastas dentales anticaries son efectivas para prevenir el deterioro dental pero pueden ser peligrosas y el riesgo principal consiste en la fluorosis dental secundaria a la ingestión regular de flúor, por eso los niños de primera infancia sólo deben colocar una pequeña cantidad de pasta en el cepillo y es conveniente que los padres supervisen siempre el cepillado hasta la edad de 7 años aproximadamente y además de enseñarles a no tragar la pasta.

Los niños menores de 6 años no deben utilizar enjuagues bucales con flúor, a menos que exista una situación médica u odontológica especial.

Los productos dentales para uso doméstico (pastas y colutorios) se deben mantener siempre fuera del alcance de los niños y deben ser considerados como “peligrosos”.

El principal efecto terapéutico se logra en forma tópica, por ese motivo es más importante mantener concentraciones bajas pero constantes en las zonas de desmineralización, que indicar suplementos orales.

El té, las sardinas, el pan de centeno o comidas elaboradas a partir de harina y arroz, contribuyen a incrementar el aporte de fluoruros, sin efectos tóxicos y contribuyendo a la salud bucal de los niños.

Finalmente, el pediatra es un eslabón más en la cadena educativa contra las caries, desde su lugar de consejero familiar puede y debe contribuir con la difusión de consejos sobre alimentos azucarados, estimular la higiene dental y supervisar el aporte diario de flúor a través de las distintas fuentes.

Dra. Silvina A. Cuartas
Médica pediatra
MN. 73.733

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