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El
bebé empieza a jugar desde que nace. Pero juega
de una manera especial: comienza jugando con la mirada
y con la boca, en realidad lo único que siente
que tiene y que le pertenece. Con la mirada, a través
de reflejarse en la de su mamá y de lo que
ella le devuelve. Y con la boca a través de
la teta o de la mamadera, recibiendo no sólo
alimento para el cuerpo, sino para el ser, el amor,
la futura propia identidad.
Luego, el bebé aprende a reconocer que tiene
boca, empieza a chuparse la mano, y así la
descubre. Son todos juegos autoeróticos porque
son referidos a sí mismo y a su cuerpo. Además
le dan placer. Una de las características principales
del juego es precisamente permitir la diversión,
el disfrutar, el goce y el placer. A partir de que
el bebé reconoce que tiene manos, puede comenzar
a interactuar con objetos externos. Por ello lo primero
que hace es llevarse todo a la boca.
Recién ahí los adultos consideran que
los chicos empiezan a jugar, cuando interactúan
con objetos externos. Pero en realidad antes pasaron
por todo este recorrido de autoconocimiento que también
constituye un juego, con objetos propios.
Jugar es muy importante porque ayuda al chico a estructurar
su psiquismo. Por ejemplo, a partir del octavo mes,
cuando el bebé empieza a desarrollar la posibilidad
de empezar a darse cuenta de la ausencia de la madre.
Un juego muy bueno es el de taparse y destaparse.
A través de ese juego el chico aprende a simbolizar
la ausencia.
Si la mamá se tapa la cara, aunque el chico
vea el resto del cuerpo, como para él lo que
existe es la mirada -porque no tiene una visión
total del otro-, cree que ella desapareció.
Cuando se destapa, siente la alegría porque
la mamá ha vuelto. Lo mismo ocurre cuando el
que se tapa es él. Una vez que el bebé
puede simbolizar la ausencia, logra jugar solo. Porque
posee el principio de " objeto permanente",
es decir, la idea de que el objeto, la mamá,
puede estar en otro lugar y así aparece también
la noción de un lugar y un espacio paralelo.
Jugar es cualquier producción que el chico
haga: dibujar, pintar, recortar, amasar con plastilina,
juegos de mesa, con muñecos. Todas estas acciones
están hablando del jugar como producción.
El juego es creativo del mundo interno. Todo lo que
el chico siente que le está pasando lo recrea
en el juego, en el mundo externo. Así, mediante
el juego, el chico revive lo que le está pasando
en su mundo interno. Vive activamente algo que vivió
pasivamente, ya sean situaciones traumáticas,
angustiantes, de alegría, de estrés.
El ejemplo más claro es el de una nena que
juega a ser la mamá. Siempre juega con una
muñeca y la trata como la mamá la trata
a ella. Reproduce activamente todo lo que vive pasivamente
con su propia mamá. De esa manera el juego
contribuye a elaborar estos conflictos, situaciones
positivas o negativas. Porque el chico puede hacer
algo con lo que le pasa. Al no tener la posibilidad
de un adulto de hablar y a través del lenguaje
manifestar lo que le pasa... se expresa a través
del juego.
El juego también es sublimación. Esto
quiere decir que la energía que se llama libido
-la energía sexual-, en lugar de canalizarla
hacia juegos autoeróticos se dirige y se sublima
a través del juego. De esta forma el juego
contrarresta la masturbación, lo que no significa
que ésta sea algo malo.
Por otra parte, en el juego se marca la diferencia
entre la mamá y el bebé. De este modo
el chico puede socializarse, entrar en la cultura
y ser creativo. Si no fuera por la sublimación,
el chico seguiría jugando solo, ensimismado
con partes de su propio cuerpo.
Actualmente los chicos ya no juegan todo lo que deberían.
A veces la escuela y el jardín son los únicos
ámbitos en los que el chico juega. Los padres
viven tan estresados que no se sientan a jugar con
ellos. También pasan muchas horas frente a
el televisor o computadora.
No quiere decir que esté mal que jueguen con
la computadora. Pero es un tipo de juego muy diferente
que en el que se pone todo el cuerpo. Por más
que tenga toda una pedagogía atrás,
por lo general son juegos de racionalización,
de intelectualización, donde muchas veces no
hay elaboración de situaciones vividas por
el niño, de conflictos, de emociones y de crear
situaciones nuevas.
Los chicos de hoy muchas veces no tienen tiempo para
jugar y esto es muy delicado. Porque últimamente
se ven muchos casos de estrés, con sobreadaptación,
con graves problemas de neurosis -cuando son más
adultos-, falta de límites o chicos que están
totalmente agresivos porque no tienen la posibilidad
de descargar en el juego todo lo que sienten y les
pasa.
Además, viven en departamentos chiquitos, van
a escuelas chicas donde no pueden correr ni saltar.
Y hoy se los tilda de chicos que no están adaptados,
que son hiperkinéticos. Pero, en realidad,
cualquier chico de cualquier nivel socioeconómico
y de cualquier época necesita moverse. Claro
que como ahora los espacios son más chicos,
se nota más.
Es muy importante que los padres puedan recuperar
este espacio de jugar, ya que esto acerca a los padres
y los hijos, abre vías de comunicación.
A través del juego los chicos nos pueden decir
cosas que les están pasando.
El juego les permite, además, desarrollar la
confianza en sí mismos y en el otro. En sí
mismos, porque al poder jugar solos, saben que quien
no está presente en ese momento, existe en
otro lado. Desarrollan la autoestima, porque son capaces
de producir algo. Cuando el chico juega no hay que
invadirlo, no hay que interferir, hay que darle tiempo.
También es importante no obligarlo a que juegue
si no tiene ganas.
Muchas veces los chicos parecen desordenados, dejando
los juguetes tirados. Pero a veces no se trata de
desorden, sino que esto es también parte del
juego. Y si un adulto se lo saca, está interfiriendo.
Cuando el chico termina de jugar se le puede enseñar
que las cosas tienen un lugar y que hay que guardarlas.
Pero mientras tanto hay que darle la posibilidad de
manifestarse, palpando, tocando actuando y jugando
a su manera en este mundo.
Hay que preparar la casa para esto porque, ya sabemos,
jugar es algo muy serio.
Lic. Analía Mitar
amitar@tutopia.com |