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Lic. Solange García Bardot - Hémera Centro
de estudios del estrés y la ansiedad |
| Los
errores más comunes en la educación
emocional de los niños |
Nunca
se privilegia lo suficiente el desarrollo emocional
de nuestros hijos, tal vez se cree que con amarlos
alcanza. Son muchos los padres, abuelos y adultos
en general, que están convencidos de que sentir
amor basta para que el niño se sienta amado,
pero esto NO es así. |
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Si observamos vemos que sentir
amor no siempre es sinónimo de cuidado, valoración
y respeto hacia el otro y esto tiene que ver con
nuestra humanidad. Habitualmente no nos detenemos
en nuestras emociones y cómo impactan en
nuestra vida y en la de los otros. Simplemente sentimos,
sin tener en cuenta cómo se relaciona lo
que se siente, con lo que se piensa y con lo que
se hace. Muchas veces escuchamos decir: "Con
Menguele me llevo a las piñas pero lo quiero
tanto" y ahí se terminó el tema,
como si no hubiera nada más que hacer. Esto
es en general todo lo que se sabe de las emociones:
se sienten y listo. No entendemos para que están,
ni qué podemos hacer con ellas. Que poca
gerencia tenemos sobre este eje central de nuestra
vida. Hacernos más conscientes y responsables
de nuestras emociones nos sería sobre todo
funcional.
Imaginemos ahora que si los adultos estamos tan
afectados por las dificultades emocionales en nuestros
vínculos, cuán afectados estarán
los niños que dependen de nuestro amor para
vivir.
En un mundo que cambia constantemente y en el que
cada vez son más las posibilidades de elección,
qué mejor que brindarles a nuestros hijos,
entre otros beneficios, una fuerte consistencia
interna basada en una autoestima real, un sentimiento
de seguridad y confianza profundo y arraigado y
la capacidad de generar vínculos amorosos
fuertes y duraderos.
Observemos estos 10 errores que por ser comunes
no son tomados en cuenta pero que dejan marcas poco
deseables en el aparato psíquico de las personas.
1. Comparar
La comparación es verdaderamente urticante,
una puñalada a la autoestima de cualquier
persona y, mucho más, en la de un niño.
Estamos tan acostumbrados a comparar que lo hacemos
naturalmente, sin darnos cuenta. Siempre tenemos
que ser parecidos a alguien o diferentes de alguien
pero nunca simplemente ser uno mismo. Cuando se
compara se generaliza y no se tiene en cuenta la
especificidad del otro, que no es un dato menor.
El que de esa comparación sale perdedor,
no solo queda en falta sino que también queda
solo. La comparación siempre excluye algo
y el camino más funcional no es excluir sino
aceptar. Aceptando sumamos, unimos y miramos de
forma más completa y realista.
Vivir en un ambiente donde se sienten emociones
negativas hacia uno mismo o hacia otros, como la
culpa por no alcanzar una meta o el rechazo por
que simplemente algo no me gusta, no aporta nada
al crecimiento y al desarrollo del niño.
2. Juzgar
Cuando juzgamos estamos definiendo la imagen del
niño, que está en formación.
Su seguridad y su autorrespeto dependen de esa imagen.
Cuando juzgamos negativamente, castigamos, avergonzamos
y disminuimos, abusamos de nuestro poder como adultos.
Con este trato el niño no se sentirá
amado sino atacado y levantará defensas que
obstaculizarán la fluidez que debiera tener
el vínculo. Es bueno hacerle saber cuando
algo de lo que hace no nos gusta y expresar nuestros
sentimientos reales abiertamente, pero no hace falta
agregar que es un mal educado, inoperante, agresivo,
etc. Si no nos gusta que tenga su cuarto desordenado
podemos decirle: „Juancito no me gusta como
tenes el cuarto, yo no quiero andar ordenando tus
cosas‰ pero evitemos catalogarlo de vago,
sucio, o lo que creamos en ese momento que es él.
Tengamos en cuenta además que ni él
(ni nadie) es solo lo que hace.
Tampoco los juicios positivos son hacedores de una
buena autoimagen ya que si hay juicios positivos
cuando no se adapte a esa imagen lo que quedará
es, juicio negativo.
3. Mentir
Ataca directamente la confianza básica, y
como consecuencia hace que desconfíe de su
percepción, crea desconfianza interna, o
que desconfíe del otro, del de afuera. En
ambos casos produce un sentimiento de inseguridad
y desconfianza general o básico.
La mentira confunde en el mejor de los casos y enloquece
en el peor. Los chicos deben ser criados en un ambiente
verdadero, auténtico, que brinde confianza
y seguridad. En él que las cosas se expresen
tal vez acomodando las palabras o simplificando
situaciones pero sin falsear. Es decir puedo adaptar
el cómo digo las cosas, pero no mentir. La
confianza es el sentimiento por y con el cual uno
puede tomar riesgos y crecer en la vida.
4. Estar y no estar
Los chicos necesitan enormes dosis de atención
pero no de cualquier atención, sino de la
verdadera. Para que se sientan realmente amados,
ellos requieren de encuentros auténticos
en el aquí y ahora. Si yo estoy en la compu
mientras él juega yo puedo sentir que estoy
con él pero él puede sentir que no
estuve, por lo menos de la manera que él
necesita que yo esté. Él siente que
estoy cuando comparto sus actividades de manera
interesada, disfrutando junto con él de ese
encuentro. Esto es calidad de tiempo en lugar de
cantidad. Él se sentirá digno de amor
si le brindamos el tiempo para estar por completo
con su persona. Cuando los padres estamos en otra,
ellos lo pueden percibir como falta de amor. Generar
un hábito de este tipo de encuentros con
nuestros hijos es extremadamente importante para
que él sienta que es amado por esa persona.
Muy importante es en nuestros vínculos amorosos
tener en cuenta que es lo que el otro específicamente
necesita. Muchas veces damos un abrazo o hacemos
cosas creyendo que es lo que el otro quiere o necesita
de nosotros sin preguntar o mirar si en verdad es
eso.
5. Reprimir sus emociones
Cuando no aceptamos los sentimientos del niño
lo dejamos solo con sus emociones. Si los juzgamos:
„No Juancito no seas tonto, ¿por qué
lloras?‰, si los negamos: „No mi amor,
no pasó nada‰, si aconsejamos: „Lo
que tenés que hacer es no prestarle más
los juguetes‰, ninguna de estas formas son
útiles realmente para enseñarle a
transitar la emoción y darle cauce. Él
debe sentir que sus emociones le son propias. Que
tiene derecho a sentirlas y son aceptadas. De lo
contrario su imagen de si disminuirá, intentando
reprimir o disfrazar lo que siente.
Estas emociones reprimidas no desaparecen, sino
que quedan sin curso, suspendidas como telón
de fondo. Afectarán su cuerpo en forma de
energía reprimida, su intelecto en forma
de cogniciones distorsionadas y, obviamente, su
emocionalidad. Como consecuencia de ésto
afectarán sus actos.
Lo que necesitamos hacer con ellas es aceptarlas
para poder entender qué nos dice esa emoción.
Esta es la mejor manera para que las emociones sean,
en realidad, lo que son las voces de nuestro mundo
interno que informan acerca de nuestras necesidades
más íntimas y especificas a las que
solo yo puedo responder. Las emociones del niño
solo deben ser limitadas en cuanto a con quién,
cuándo y donde se expresen, pero no en sí
mismas.
6. Coartar el aprendizaje
El niño es un explorador nato y los padres
tenemos mucho que aportar para que este recurso
se desarrolle. Sabemos que un crecimiento intelectual
óptimo está íntimamente relacionado
con un óptimo crecimiento emocional. Como
consecuencia, el niño no va a aprender si
no hay un ambiente emocional adecuado para hacerlo.
Si no hay un clima que lo habilite a investigar.
Si cada vez que Juan pregunta, respondemos con pocas
ganas, cada vez que toca algo se lo sacamos diciéndole
no porque está sucio, cada vez que hacemos
las cosas por él por qué lo hacemos
más rápido y mejor, entonces Juan
aprende que curiosear crea problemas y comienza
a desestimar su impulso explorador. Debemos fomentar
la necesidad de investigar y la curiosidad de los
chicos.
Cuanta más experiencia haga, más conocedor
será de su mundo, lo que aumentará
su seguridad y confianza. Dentro de límites
seguros los niños deberían interactuar
sin interferencia con el mundo. La autoestima del
chico crece cuando recibe el mensaje de que su curiosidad
es importante y uno estará allí para
ayudarlo y acompañarlo en sus experiencias
exploradoras.
Apoyamos su aprendizaje cuando le damos experiencias
dentro de un marco seguro, un amplio lenguaje, experiencias
exitosas de resolución de problemas y una
actitud de valoración del aprendizaje y la
independencia.
7. No brindar crecimiento exclusivo
Se trata de que el niño sienta que sus tiempos
de crecimiento son aceptados por los padres. Darles
la libertad y confianza de crecer de acuerdo a su
manera única y exclusiva. Confiando en su
naturaleza. Cuando el niño hace algún
retroceso en su aprendizaje debemos entenderlos
como parte natural y por lo tanto importante de
ese proceso. Como el dormir es parte del estar despierto.
Muchas veces tratamos de forzar el crecimiento mediante
prohibiciones, o creando ansiedades que son innecesarias.
8. La desautorización permanente
Esto es quitarle la libertad de ser dueños
de sus emociones, deseos y pensamientos. Son incontables
las formas en las que les decimos a los niños
lo que deben sentir, el mensaje que ellos reciben
es que sus emociones son inadecuadas, que algo en
ellos anda mal y los „ayudamos‰ a sentir
lo que creemos que tienen que sentir. La seguridad
psicológica se resiente cuando uno no puede
sentir o pensar libremente y hacerse dueño
de eso que le pasa. A diferencia del hacer, donde
la libertad sí debe ser restringida. Respetar
las emociones es respetar la integridad y consistencia
de esta persona en formación. Muchas veces
tratamos de programarles emociones a los niños
exigiéndoles que acomoden sus sentimientos
a los nuestros y enojándonos cuando esto
no ocurre. Decidimos cuánta hambre tiene,
las cosas que le gustan, y las que no, lo que debe
sentir o pensar. El respeto por la diferencia prueba
nuestro real interés por el niño como
persona. Debemos respetar las diferencias sin que
esto vaya en detrimento de la aprobación,
es decir que a Pablo puede no gustarle el futbol
y no por eso ser un extraterrestre o poco macho,
etc.
9. No empatizar
Empatizar tiene que ver con la capacidad de mirar
las cosas desde el lugar del otro. Cada ser humano
tiene su propia manera de organizar la experiencia
y esta originalidad debe ser conocida y respetada
por los padres. De esta forma podemos decir que
realmente conocemos a nuestro hijo ya que conocemos
su mundo interno. En verdad poco y nada sabré
de él si no me tomo el trabajo de ponerme
en sus zapatos.
Conocer sin juzgar genera la posibilidad de brindarle
específicamente lo que necesita. Alimenta
la comunicación libre y espontánea,
los hace excelentes comunicadores, incrementa la
intimidad, genera que cobre sentido su comportamiento
y, por lo tanto, en muchas ocasiones ya no me fastidie,
elimina la soledad. La empatía es una poderosa
prueba de amor y respeto profundo a su integridad
y especificidad como persona. Nos dará las
herramientas para sacarlo de cualquier situación
alienante.
10. No demostrar nuestro aprecio
¿Cómo nos sentiríamos frente
a cada situación si de antemano el otro me
demostrara cuánto me aprecia y cuán
importante y valioso soy para él y me tratara
con el respeto y la cortesía acordes?. Creo
que esa actitud sacaría lo mejor de mí,
me predispondría de la mejor manera. Esto
me ocurriría si lo hace un desconocido pero,
si además es una persona a la que yo quiero
y respeto, eso si me haría sentir muy bien
acerca de mi misma. Si esto sucediera no solo una
vez por año sino sistemáticamente
durante un mes entero, ¿cómo estaríamos
sintiéndonos con respecto a nosotros mismos?
¿Y cómo crecería nuestra relación?
Pensemos el efecto que podría causar en un
niño cuando la persona más amada e
idealizada de la cual depende para vivir lo trate
de esta forma. Muchas veces y por más que
sean lo más importante del mundo tratamos
a los niños no solo sin demostración
del amor que les tenemos sino como si fueran ciudadanos
de segunda. No los tenemos en cuenta, no los escuchamos,
minimizamos temas que para ellos son importantes,
los avergonzamos frente a otros, los juzgamos. Hay
una larga lista de hechos que hacen que les faltamos
al respeto infinidad de veces. El punto es no hacerle
al niño lo que no nos gusta que nos hagan
a nosotros.
Conclusión
Si esto lo aplicamos no solo con nuestros hijos
sino con nosotros mismos y en nuestros vínculos
nos aseguraríamos una buena dosis de equilibrio,
consistencia emocional, autenticidad, respeto y
amor en nuestras vidas. Este tratamiento de nuestra
emocionalidad y la de los otros es tremendamente
eficaz.
El primer punto es ver cuánto impactan nuestras
emociones y especialmente el sentimiento de amor,
seguridad y confianza en nuestros problemas. Debemos
darnos cuenta de lo importante que es nuestra seguridad
emocional y saber como brindarla. La piedra basal
del amor que alimenta y permite el crecimiento es
el sentimiento de seguridad psicológica,
la base de la seguridad es la confianza.
- Acerca de Hémera:
Hémera es una institución dedicada
al tratamiento de los problemas que provocan la
ansiedad y el estrés patológicos en
los distintos ciclos de la vida.
El objetivo de la terapia propuesta está
centrado en la recuperación del problema
que padece la persona afectada, no sólo en
la comprensión de las causas que los generan,
ya que los pacientes que acceden a un tratamiento,
muchas veces logran entender lo que les pasa pero
no logran superar el problema que los afecta. En
Hémera se cuentan con instrumentos para evaluar
y llevar a cabo tratamientos focalizados específicamente
en los problemas relacionados con la ansiedad y
el estrés patológicos, lo que posibilita
alcanzar cambios efectivos y duraderos. El equipo
de profesionales y consultores cuentan con una trayectoria
destacada en estas áreas, asegurando de este
modo una indicación precisa de los tratamientos
consensuados y aprobados en este tipo de problemas,
que aquejan a un número creciente de personas
en todo el mundo.
- Acerca de Solange García Bardot:
Integrante del equipo de profesionales de Hémera.
Obtuvo su licenciatura en Psicología en la
Universidad de Belgrano en 1993. Realizó
estudios de postgrado en terapia de pareja y familia
y en medicina psicosomática. Trabajó
en el Hospital de Clínicas utilizando técnicas
de terapia breve. Realizó grupos de estudio
de psicopatología, psicodiagnóstico
y teoría y práctica del psicoanálisis.
Es miembro de la Asociación Argentina de
Trastornos de Ansiedad. Tiene una vasta experiencia
clínica en el tratamiento de pacientes con
afecciones cardiovasculares y trastornos de la alimentación.
En la actualidad continúa la atención
clínica con técnicas Cognitivo-Conductuales
aplicadas a los Trastornos de Ansiedad.
Para mayor información:
Hémera, Centro de estudios del estrés
y la ansiedad.
Tel: 4784.3922
info@hemera.com.ar
Contacto de Prensa:
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