La técnica y la tecnología han sido
y son utilizadas en muchas oportunidades como argumentos
de intervención profesional, provocando una
alteración en la trama vincular. Se transforma
así, la instancia de embarazo y parto, en
episodios en los que la perdida de individualidad,
intimidad, sostén, escucha, dan lugar a una
sucesión de rutinas e intervenciones medicas
innecesarias y escasas veces decididas desde la
reflexión y el respeto por el mundo afectivo
de la embarazada.
Estas instancias esenciales en la vida de todo
sujeto con las transformaciones profundas en la
subjetividad y en especial en la subjetividad femenina,
no suelen ser acompañadas con una estructura
de asistencia y atención que valoricen especialmente
los aspectos afectivos, vinculares, familiares y
de compromiso de la sexualidad que envuelven al
parto y al nacimiento.
El cuerpo de la mujer, caja de resonancia y ámbito
de expresión de cambios y emociones suele
ser sometido, maltratado, inmovilizado, domesticado
en función de un parto conducido que exigirá
quietud, silencio y obediencia.
Pensando en la violencia que comporta para la mujer
algunas practicas asistenciales, desde el sentimiento
de indiferencia que se instala en los encuentros
con los profesionales hasta la percepción
del abuso de algunas practicas; y considerando los
ideales sociales sobre lo que "debe y no debe hacerse",
es que elaboramos un decálogo de derechos
de la embarazada. Dentro de ese consenso de habitual
aceptación del maltrato como parte del proceso
de tener un hijo, se destacan algunas mujeres que
reconocen en su intimidad el abuso al que se someten.
Este malestar ha generado en nuestro país
y en otros lugares del mundo, alternativas y procedimientos
que han sido definidos de múltiples maneras.
Estos posibilitan eludir los condicionamientos que
impiden a cada mujer asumir el rol protagónico
y favorecen la reflexión acerca de como quieren
parir y recibir al hijo.
El cuidado no esta solamente vinculado a la atención
tecnológica, sino que lo esencial pasa por
ese "cuerpo a cuerpo" de la relación entre
la futura madre, el padre, y el equipo profesional
que les brinda asistencia. Este decálogo
de derechos intenta restablecer los conceptos de
dignidad, respeto, continencia, placer, permisos,
tolerancia.
Derecho a que no la consideren una enferma. Derecho
a pedir la participación de su pareja. Derecho
a tener miedo. Derecho a elegir. Derecho a sentirse
dueña de su cuerpo. Derecho a no someterse
a rutinas medicas innecesarias. Derecho a sentir
placer y a sentir dolor. Derecho a expresarse según
su necesidad. Derecho al vínculo inmediato
con su hijo. Derecho al buen trato.
Listado completo de derechos:
1. Derecho a que no la consideren una enferma
Ella llega a casa de sus padres y dice alegremente:
"Estoy embarazada!". Y la respuesta a este alborozo
es similar en ellos. Pero, de inmediato, surgen
las recomendaciones: "Ahora tenés que cuidarte",
"no hagas tanta gimnasia", "no subas escaleras",
y muchas más. Y las preguntas: "Has tenido
vómitos, mareos, etc.?".
En los días siguientes en todos los medios
donde se mueva encontrara parecidas respuestas:
alegría, pero también limitaciones
a sus actividades cotidianas. No solo sus familiares
y amigos le crean una situación de riesgo,
sino que incluso un gran porcentaje de médicos
comparte este sentimiento: prohibiciones, estudios
excesivos, medicamentos innecesarios.
En realidad, no solo no esta enferma, sino que ésta
es la etapa mas plena de su vida, y no tiene por
que variar su ritmo de todos los días.
Y, de donde viene esto de tomar el embarazo como
una enfermedad? Desde el comienzo de la gestación
empiezan a cambiar cosas. Se siente distinta. Dentro
de sí, algo ocurre en su cuerpo y en sus
emociones. Y afuera, también, algo se modifica
en la relación con los demás.
Y es que estos cambios suyos provocan en la gente
la sensación de "no habitualidad", y se tiende
a considerar lo no habitual como "no normal", o
"no sano", por lo tanto basta resulta ser una situación
de "enfermedad".
Por otra parte, las mujeres de su alrededor proyectan
sobre ella sus propias historias. El recuerdo de
como fueron tratadas, sus experiencias personales,
sus sensaciones, sufrimientos, etc., son depositados
en la embarazada como si el suyo fuera un "mal estado".
Y aparecen las advertencias que presuponen un cuidado.
Muchos de estos cuidados están enfocados
a limitar fundamentalmente su actividad física:
ejercicios, desplazamientos cotidianos, actividad
sexual, etc. (un organismo enfermo se supone que
debe estar en reposo).
Lo cierto es que basta es simplemente una etapa
importantísima en la vida de una mujer, que
no le impedirá casi nada y que debe ser vivida
con placer y permisos.
Seguir con todo lo que venla haciendo: trabajo,
estudio, deportes (salvo algo muy violento). Pasear
y bailar, ir a la peluquería y comer como
siempre, y dejarse invadir por estos cambios y no
por sugerencias externas, la conducirán seguramente
a disfrutar con menos ansiedad y mas salud.
Y si sus ganas son las de vivir con intensidad esta
etapa que cambiara su vida, es importante que pueda
defender el derecho de estar sana y sentirse bien.
Y para ello, reconocer los mensajes de su propio
cuerpo, que le impondrá la libertad y los
limites mas naturales.
2. Derecho a pedir la participación
de su pareja
El llega a la oficina y cuenta: "¡... y voy
a estar en el parto!", y sus compañeros aterrados
le contestan: "pero, y si te desmayas?, te van a
tener que atender a vos en lugar de ella", "yo no
podría verla sufrir", "esto es cosa de mujeres".
Cuando ambos se acercan a la consulta, ambos buscan
ser oídos. Ella y él quieren y desean
encontrarle un lugar a él en esta nueva situación.
Estos dos seres humanos, varón y mujer, que
un día se encontraron y decidieron compartir
la vida, también decidieron juntos incluir
al hilo y transformarse en una familia.
Y si bien el embarazo esta instalado en el cuerpo
de la mujer, en realidad les pertenece a los dos.
¿Por que entonces la airada reacción
de los demás frente al deseo de participación?
El desconcierto que despierta un planteo tan simple
y elemental como el de incluir al varón se
expresa con advertencias llenas de temor. El hombre
esta bastante propenso a participar, pero frecuentemente
no es acompañando por quienes debieran hacerlo:
familiares y amigos que lo desalientan, el medico
que lo deja fuera de la consulta, la partera que
lo saca cuando va a examinar a su mujer, la enfermera
a cada momento, y las instituciones que lo excluyen
desde rígidas normas.
Y esto es así porque la participación
del varón es transgresora por ser un cambio
en algo establecido.
El embarazo y el parto fueron históricamente
cosa de mujeres. Pero esta situación esta
cambiando porque también se transformo la
relación de pareja. En efecto, la cultura
de centurias que impuso los roles fijos del varón
fuera de la casa y la mujer dentro, excluyo a la
mujer del desarrollo personal y al varón
del vinculo con los hijos.
Actualmente; frente a la situación de embarazo,
el dialogo mas abierto hace que esto ya no sea "cosa
de mujeres", sino "cosa de la pareja". No solo el
varón sino la mujer pueden exigir un compromiso
de quienes los asisten, para otorgarles el derecho
de poder estar Juntos en todas las instancias que
lo deseen.
Y si los dos quieren compartir las vivencias durante
el parto, la mujer debe defender este derecho a
que él participe, porque el nivel de emoción
de ambos durante esta milagrosa experiencia será
mas intenso y perdurable.
El esta preparado, si lo quiere. Nada lo obliga,
solo el deseo de ambos. Puede estar para ver, para
tomar al niño en el nacimiento, para cortar
el cordón, o solo para estar.
Porque su presencia, sus caricias, su aliento, son
un soporte magnifico para sostenerla en el duro
esfuerzo de parir a su hijo.
3. Derecho a tener miedo
"¿Así que estas embarazada?, no te
preocupes, no tengas miedo, que todo va a andar
bien." Ante esta habitual respuesta, ella se deja
invadir por los temidos fantasmas que sugiere la
palabra miedo, y el intento de negarlos es casi
una regla.
El miedo al movimiento, a las malformaciones fetales,
al dolor, al sufrimiento, y a la muerte de la madre
o del bebe, son emociones que con mayor o menor
intensidad, y mayor o menor negación, acompañan
siempre a la embarazada. Frente a la aparición
de estas emociones y la tentativa de apaciguarlas
es necesario tomar conciencia de que no se pueden
parar o negar. Si analizamos los orígenes
de estos temores, la embarazada podrá aceptarlos
y buscar una contención afectiva adecuada.
Cuando pensamos en el miedo al movimiento y en algunas
prohibiciones como por ejemplo bailar, tenemos que
referirnos a la envidia que genera la embarazada
por llevar en sí una vida nueva, y con la
intención de cuidarla se desliza el comentario
sobre el riesgo de perder el embarazo. Y esta situación,
es decir las fantasías de muerte, son la
base de todos los temores.
En otras épocas había muchos casos
de muerte en embarazos y partos, cuando no existía
control de la natalidad ni medios técnicos
para vigilar adecuadamente el embarazo, y para atender
las urgencias o accidentes que pudieran surgir.
Y esto fue así desde siempre hasta este siglo,
y entonces; ¿¡Cómo no tener miedo!?
Estos miedos son irracionales y muy profundos, tienen
que ver con lo ancestral y mas primitivo de nosotros.
Desde tiempos remotos el ser humano creo rituales
para conjurar lo temido y hoy de distintas maneras
seguimos haciéndolo. Cuando una embarazada
pide un "curso de parto sin temor y sin dolor" esta
solicitando un ritual mágico para resolver
su miedo. En verdad prepararse implica asumir el
temor y el dolor como una realidad manejable.
Otra cosa que asusta es la posibilidad del sufrimiento,
y no debemos confundirlo con el dolor, que es una
sensación física displacentera que
cuando es tan temido puede transformarse en sufrimiento.
El temor mas conscientemente reconocido es el de
la malformación del bebé. Tal vez
por ser el mas simple de descartar (antecedentes,
estudios, etc.) los médicos pueden tranquilizar
mejor a la mujer. Es decir que hay un mayor dialogo
sobre este temor en particular, porque de alguna
manera estamos hablando de otro que es el bebé.
De igual forma si en el vinculo entre el equipo
y la pareja se pueden compartir otros temores y
hablar de ellos, seguramente dejaran de tener un
efecto adverso. La cuestión no reside en
no tener miedo, sino en reconocerlo y aceptarlo
para poder actuar y no paralizarse.
Cuando el equipo de asistencia acepta los temores
y ayuda a la pareja a no paralizarse, esta admitiendo
el derecho a tener miedo.
4. Derecho a elegir
"¿Ya fuiste a ver al obstetra?" "Si -dice
ella- pero no me gusto". Ella dice "no me gusto".
Esto implica una sensación, una respuesta
emocional que muchas veces no es del todo clara.
Puede que sea porque no se sintió escuchada,
o porque hubo brusquedad en el trato, o porque no
le gusto el modelo de asistencia.
Y expresa así su posibilidad de elegir de
acuerdo con su necesidad, cosa que habitualmente
no se hace porque se acepta la experiencia de la
amiga, la recomendación de la compañera
de oficina, o la proximidad del consultorio del
medico que esta en la cartilla.
¿Y por que es tan importante esto de la elección
del medico, del equipo, del lugar del parto? Porque
esta situación que se da muy pocas veces
en la vida (¿dos, tres, cinco?), tiene tal
intensidad emocional que vale la pena vivirla lo
mejor posible.
¿Se sabe siempre que es lo que se elige? La
mayor parte de las veces no, y se hace a partir
de las propuestas de los otros, en menor por-centaje
se duda entre que elegir, y pocos eligen sabiendo
lo que quieren de verdad. Entonces, ¿por donde
empezar?. Tal vez si cada uno se preguntara: ¿que
busco, que quiero, que necesito?, se comenzaría
a armar un modelo propio, de acuerdo con sus posibilidades.
Los modelos de asistencia toman muy poco en cuenta
las modificaciones intensas que suceden en las emociones
de la embarazada. Prácticamente se ocupan
de los cambios de su cuerpo, y se han elaborado
extraordinarias técnicas puestas al servicio
de la seguridad, es decir que este modelo pone su
acento en los cuidados físicos de la madre
y de su hijo.
Pero en el modelo propio tiene que estar implícita
-además- la certeza de no ser mentida ni
engañada. Sentirse libre y contenida al mismo
tiempo. Dudar, preguntar, obtener respuestas. Ser
contradictoria e incoherente y en-tendida en esos
cambios. Frecuentemente, en función del desconocimiento,
las primeras elecciones se hacen arbitrariamente;
y a medida que transcurren los meses es posible
verificar si se ha elegido de acuerdo a uno mismo.
Y si no es así, si la pareja siente que "algo"
no funciona, siempre esta a tiempo, en el lapso
de estos largos nueve meses, de volver a buscar,
de volver a elegir. Aun cuando falte muy poco para
el parto, tal vez sea preferible un nuevo cambio,
una nueva búsqueda, antes que quedarse con
lo que no se elige. Sin duda, esto supondrá
nuevas incertidumbres, pero a partir del esfuerzo
de reflexión, es cuando se afirma el derecho
a elegir.
5. Derecho a sentirse dueña de
su cuerpo
"Doctor, ¿cuándo empiezo con los ejercicios?"
Este pedido se hace después de que numerosas
frases se superponen en la nutrida información
de amigas, T.V., revistas, y llenan sus pensamientos
con títulos tales como "psico-profilaxis",
"cursos de parto sin dolor o sin temor", "gimnasia
preparto", "relajación", etc.
A medida que se desarrolla el embarazo, el esquema
corporal (que es la suma de la imagen reflejada
en el espejo, mas la que los otros nos devuelven,
mas el propio registro) se altera cotidianamente.
También va cambiando el eje de equilibrio,
el peso y todo el metabolismo. Esto crea una dificultad
para reconocerse, porque se trata de una transformación
que no cesa y lo que sucede en el cuerpo tiene un
exacto correlato emocional, es decir que a este
movimiento en el cuerpo se corresponde un movimiento
en las emociones -están mas sensibles, mas
irritables, reaccionan rapidamente ante cualquier
estímulo-.
De modo tal que se pierde seguridad y se tiende
a buscar en otros la reafirmación de las
propias posibilidades. Por ejemplo, alguien que
tenga una dificultad para caminar puede encontrar
en otros, distintas actitudes que intentan ayudarlo.
Así, habrá quien le acerque una silla
de ruedas, tal vez otro le proponga muletas, y un
tercero le ofrezca su brazo y lo estimule con un
"vos podés".
En el último modelo el otro esta ayudando
a que la persona en cuestión se re-encuentre
con su propio cuerpo. con lo que puede sobre si
mismo. Este "poder sobre si mismo" implica adueñarse
de uno quitándole al otro el poder. Después
del parto las mujeres suelen decir refiriéndose
al medico o a la partera: "lo hizo nacer", así
entrega su poder a los otros. En realidad es ella
la que desde "su" cuerpo hace nacer.
De igual modo durante el trabajo de parto, a veces
la parturienta recibe consignas muy rígidas
que le impiden actuar libremente, se la obliga a
la inmovilidad.
Aquí los otros se adueñan del cuerpo
de ella, ignorando sus necesidades y deseos. Esta
situación suele estar ya planteada en los
"cursos" en los cuales se "instruye" a la futura
mama para "portarse bien en el parto". Sería
deseable que todos los sistemas de preparación
prenatales estimularan el descubrimiento propio,
la creatividad, la posibilidad del placer; antes
que la ejercitación mecánica muscular,
para que la embarazada se reafirme en su derecho
a sentirse dueña de su cuerpo.
6. Derecho a no someterse a rutinas médicas
innecesarias
Y la partera les cuenta: "en cuanto se internen
las van a preparar". Y ella pregunta: qué
quiere decir nos van a "preparar"?
Aquí aparece la primera intervención
rutinaria: rasurado y enema. Durante el embarazo
existen una serie de procedimientos y actitudes
que se hacen sistemáticamente, pero muchos
de ellos responden a pautas necesarias de establecer
y que no resultan cruentas ni injustificadas (por
ejemplo: análisis biológicos, control
de tensión arterial, etc.)
Pero es en el momento del parto en donde surge con
toda claridad la violencia de las rutinas innecesarias.
Podríamos hacer una descripción de
todas estas rutinas, pero solo para aclarar que
cada una puede llegar a tener una indicación
precisa en determinado momento.
¿Por qué hacer enemas si durante el
trabajo de parto las contracciones uterinas despiertan
el peristaltismo intestinal de modo que casi siempre
se llega a la sala de partos después de una
o varias deposiciones? Solo se puede justificar
si es que hay una severa constipación lo
que sucede muy pocas veces.
¿Por qué poner goteos para apurar un
trabajo de parto que tiene su propio tiempo, su
propio ritmo, su propio modo? Será necesario
cuando de verdad se produzca una alteración
tal de la dinámica que así lo exija.
¿Para qué romper la bolsa de las aguas
a fin de acelerar el proceso de dilatación
si esta elástica membrana protege a la cabecita
del bebe de serios esfuerzos al apoyar sobre el
cuello del útero? Si, será necesario,
pero solo en casos excepcionales.
¿Por qué impedir que la parturienta
se levante, se mueva, pueda ir al baño, caminar,
tomar líquidos si tiene sed?
Seguramente en ciertos momentos hay una explicación
médica para cada prohibición, pero
estas son situaciones muy poco frecuentes. Sin embargo,
todos conocemos la frase terminante de la enfermera:
"póngase el camisón y métase
en la cama".
¿Y la obligación de ir en camilla a
la sala de partos? ¿En cuántos sanatorios
está prohibido que la parturienta camine
acompañada por su equipo. ¿Por qué
someter verbalmente con órdenes y exigencias,
y a veces con amenazas veladas (por ejemplo: "Si
no hacés fuerza, te voy a hacer un Fórceps"),
a la mujer que expresa con llantos o con gritos
su ansiedad y su miedo.
Y la prematura realización de anestesia en
la zona vulvar (que edematiza los tejidos e impide
su distension), con la consiguiente episiotomía,
sin esperar exactamente el instante en que una adecuada
valoración permita saber si es necesario.
Cada uno de estos procedimientos se realizan como
un habito adquirido de hacer las cosas por mera
practica y sin razonamiento, transformándolos
en un ejercicio de poder donde la mujer es sometida.
Nada de esto debe funcionar como "rutina", y debe
ser usado como consecuencia y alternativa individual
frente a problemas concretos. Partiendo de la base
de que la mayoría de los partos evolucionan
espontáneamente, cada mujer debiera intentar
ejercer su derecho a que no se intervenga innecesariamente
para que así sea.
7. Derecho a sentir placer y a sentir
dolor
Ella le cuenta a su amiga: "Los dolores del parto
no eran para tanto". Y la amiga le contesta: "Sin
embargo, para mi fueron terribles". Este diálogo
revelador de sentimientos tan encontrados frente
a una misma situación nos lleva a considerar
qué factores están influyendo para
que sientan distinto.
En el parto hay estímulos que se originan
en el cuello del útero durante la dilatación,
otros que se producen por el pasaje del bebe a través
de la vagina y la compresión de los tejidos
vecinos, y por fin los que se producen en el nacimiento
por la salida a través de la vulva. Estos
estímulos forman parte del proceso común
en cualquier mujer y que integran el mecanismo del
dolor.
Si indagamos en la historia de las dos protagonistas
de cada uno de esos partos, seguramente encontraremos
que aquella que pudo (y la dejaron) aceptar la inclusión
del dolor como parte del proceso y de la vida, también
obtuvo el intenso placer que conlleva el nacimiento
de un hijo.
La mujer que esta dispuesta para aceptar el dolor
de la contracción puede discriminar el placer
de la relajación subsiguiente, y estar otra
vez preparada para recibir la que sigue, sabiendo
que la conduce hacia el parto. En la medida en que
conozca el mecanismo y que el entorno este dispuesto
a acompañarla en esta aventura de sensaciones,
también podrá disfrutarla. La continencia
afectiva del equipo asistencial es la infraestructura
necesaria para que esto se logre.
Los vínculos solidarios en esta actitud de
"bancar" el dolor del otro, le permiten al otro
"bancarse" a si mismo.
Esto conducirá a aceptar la existencia del
placer también en el periodo expulsivo, donde
el estallido emocional puede constituirse en la
máxima vivencia de un ser humano. Pero debemos
reconocer que muchos sectores de 1a sociedad contemporánea
penalizan el solo hecho de pensar en el placer del
parto. Por eso solo se habla de dolor.
Desde la obstetricia, es habitual que aquellos mas
preocupados por el dolor, sean los que instrumenten
mas cosas para evitar el placer María, primigesta,
de 39 años, se interna en trabajo de parto,
y la esta esperando el anestesista que, sin haberla
consultado, le hace una peridural. Después
del parto, María se siente profundamente
traicionada porque esto no habla sido hablado con
su medico.
Tres anos después, esperando su segundo hijo,
elige otro obstetra, y le pide que le garantice
que no va a haber anestesia porque ella quiere sentir
y vivir lo que sea. En el parto, al final de la
dilatación, -que suele ser el momento más
doloroso- el médico le pregunta: "Y, ¿cómo
es mejor, con peridural o sin ella?". Y María
le contesta en medio de una contracción:
"¡Es mejor sin peridural, porque estoy preparada
y sintiendo!"
Esto es reclamar por el derecho a sentir placer
y dolor.
8. Derecho a expresarse según su
necesidad
En el grupo de embarazadas ella dice: "Tengo miedo
de descontrolarme en el parto, me gustaría
portarme bien". Y otra le contesta: "En mi parto
anterior me dijeron que no estaba pujando bien porque
gritaba, y me sentí culpable". Estas frases
tan comunes muestran la importancia que para cada
uno adquiere el comportamiento propio y el ajeno.
En la situación de embarazo, los intensos
cambios que se suceden se expresan en los pensamientos
y en las emociones como actitudes contradictorias,
que asustan no solo a la embarazada, sino y especialmente
a su entorno: familiares, amigos y profesionales.
Estos contrastes se resuelven en sus gestos y en
sus palabras, generando a veces incoherencia y contradicción,
a tal punto que remiten al fantasma de la locura.
Fantasma que surge con el miedo al descontrol o
al ridículo, y hace aparecer la obligación
a la coherencia, al punto que impide o censura hasta
la mas simple de las expresiones.
Tan es así, que desde el principio del vinculo
con su medico, este suele plantear los límites-
hasta donde esta dispuesto a tolerar el expresarse
de ella, cuando comunica sus miedos o inquietudes
durante el embarazo: el no ser escuchada o atendida
se constituye en la mas precoz limitación
a su posibilidad de expresión. Nadie puede
reconocer la propia necesidad mejor que uno mismo
¿Cómo establecer cuando el otro necesita
llorar, cantar, gritar o reír?
Este "dejarse fluir" es fundamental también
para el placentero desarrollo del parto: movimientos,
voces, sonidos, palabras, miradas; se convierten
ademas en la posibilidad de comunicar lo que se
siente.
Frente a la aparición libre de cualquiera
de estos episodios en el parto, habrá distintas
actitudes del equipo o del personal auxiliar. Estarán
quienes la penalicen o agredan, quienes la ignoren,
y otros escucharan atentamente para contenerla y
acompañarla; y ahí, en esas intensas
horas le propondrán, por el contrario, que
exprese a su modo todas sus sensaciones, mas allá
de la inhibición. Es importante que la embarazada
sepa que los transitorios momentos de confusión
o de angustia, o de "descontrol" o la sensación
de "no poder": presentes en el parto, son naturales
y frecuentes.
Por ejemplo, cuando una parturienta grita en la
sala de partos, esta reafirmando una situación
de energía y esfuerzo, del mismo modo que
lo hacen quienes practican artes marciales.
La mejor manera de ejercer el derecho a la expresión,
es reclamando esto anticipadamente y buscando vínculos
permisivos que se lo otorguen.
9. Derecho al vínculo inmediato
con su hijo
En la sala de partos el pediatra sostiene una tela
estéril entre sus manos y en cuanto el bebe
nace, lo toma, espera el inmediato corte del cordón
y sale corriendo con el, mientras lo frota entusiastamente.
La madre pregunta a todos: "¿Cómo esta
mi bebé? ¿Está sanito?".
Esta escena describe la interrupción brusca
de una relación que empezó dentro
y debía continuarse fuera de la panza para
ir despegándose de a poquito. Del cuerpo
de la embarazada, a partir del nacimiento, surge
otro cuerpo: el de su hijo; y estos dos seres tienen
iguales derechos, y necesidades que se corresponden.
Cuando quienes los asisten intervienen separándolos
rápidamente, provocan en ambos una sensación
terrible de vacío: en la madre desde el contenido
y en el bebe desde el continente.
El parto rompe el equilibrio del embarazo generando
una situación de ansiedad que es máxima
en ese momento.
Cuando se permite un reencuentro tranquilizador,
la reacomodación es inmediata, lo cual calma
a ambos. El bebé sólo se tranquilizará
al abrigo de su madre, y ella, a su vez, necesita
de inmediato: 1) verlo (quién es), 2) que
está bien (cómo es) y 3) cuidarlo
(confirmar que puede) La impronta de los primeros
minutos de contacto, llamada "apego", es fundamental
para este vínculo.
Quienes demoran esta relación inmediata,
quizá no saben que las rutinas que utilizan
sirven básicamente para calmar la ansiedad
profesional sin pensar demasiado si lo que están
haciendo, es realmente por el otro.
Por cierto, cada procedimiento tendrá su
justificación. Lo que el recién nacido
necesita de inmediato es preservar su temperatura
y poder respirar libremente. Pero, hay mejor fuente
de calor que el contacto inmediato con una gran
superficie corno la piel materna a la misma temperatura?
Desde este calmo lugar ¿no es mas tranquilizador
animarse a respirar con lentitud sin ser exigido?
-como la exigencia al llanto inmediato, buscada
a veces con violencia, corno sinónimo de
vida-, y que solo manifiesta la posibilidad de protesta
del bebe.
En definitiva, el encuentro inmediato con el hijo
es un derecho que debe ser reclamado no solo desde
el lugar de la mujer, sino del de este niño,
ahora persona concreta.
10. Derecho al buen trato
"Por favor: ¡cierre la puerta!" Una voz reclama
desde dentro de la sala de partos, y se observa
al pasar una mujer acostada, con las piernas sujetas
en alto -colgadas-, con los genitales expuestos
hacia la puerta, su rostro no se ve, enfermeras
que entran y salen...
La agresión franca que se puede jugar en
la sala de partos seria larga de describir. Pero
el maltrato suele comenzar con el embarazo. Desde
las primeras consultas se pone en evidencia el buen
trato, el respeto, o todo lo contrario. Un médico
que la atiende durante diez minutos y ni siquiera
recuerda su nombre, no dando espacio para preguntas,
ni dando respuestas, es el primer ejemplo.
La inquietud cada vez más generalizada sobre
esta sucesión de maltratos ha determinado
la aparición de distintos rótulos
o denominaciones, de modelos de asistencia o modelos
de parto, que llevan muchas veces a la confusión.
Y así uno oye distintas propuestas: parto
sin violencia, parto vertical, parto ecológico,
parto bajo el agua, parto natural, parto humanizado,
parto hogareño.
En realidad en cada una de estas propuestas se destacan
aspectos parciales de una actitud que englobaría
a todos. Porque no importa demasiado donde ni con
que ritual. Por ejemplo, para el parto vertical,
no es imprescindible la presencia de un sillón,
ya que lo vertical sugiere la deambulación
espontanea y la elección de posiciones de
acuerdo a su necesidad, que la parturienta puede
adoptar. El buen trato no sólo se manifiesta
en el respeto a los tiempos propios de este suceso
de parir, sino en la actitud comprensiva, tolerante
y contenedora de los que la acompañan, alentando
el sentimiento de sumarse de la embarazada mas allá
de aquellos miedos que la impulsan a frenarse, como
el miedo a agredir, a romper o a ensuciar. El equipo
debe entender estas contradicciones. Porque la sensación
de falta de afecto, o de desinterés, o las
actitudes agresivas llevan a la mujer a un desconcierto
que transforma en poco tolerable la situación
del parto.
Lo verdaderamente trascendente es el buen trato,
el respeto a ella como persona, como ser individual
que mejor que "el otro" sabe de sus propias necesidades.
Es real que en el BUEN TRATO, también esta
implícito el saber del equipo, su experiencia
y el adecuado uso de ciencia y técnica. Ya
que "lo natural" a ultranza, puede implicar el abandono
y el desconocimiento.
No hay modelos que aseguren todo. La única
alternativa es tomar a la mujer como una integridad
donde su cuerpo, sus emociones y pensamientos funcionen
simultánea e interrelacionadamente. Y este
es, en definitiva, SU PRINCIPAL DERECHO.
Dr. Carlos Burgo
Ginecólogo - Obstetra
cburgo@fibertel.com.ar