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> Hipercolesterolemia, Nota de la Dra. Silvina A. Cuartas
¿Pueden los niños tener colesterol o lípidos elevados?
Hipercolesterolemia: Datos para tener en cuenta
Las grasas o lípidos son nutrientes esenciales por excelencia, ya que proporcionan el doble de energía que la misma cantidad de proteínas o de hidratos de carbono, pero el consumo excesivo de lípidos favorece la obesidad. El aporte de grasas en general no debe superar el 30 a 35 % de la dosis energética total.
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Las grasas o lípidos son nutrientes esenciales por excelencia, ya que proporcionan el doble de energía que la misma cantidad de proteínas o de hidratos de carbono, pero el consumo excesivo de lípidos favorece la obesidad. El aporte de grasas en general no debe superar el 30 a 35 % de la dosis energética total.

Las alteraciones de los lípidos en sangre (dislipidemias) constituyen un grupo de patologías caracterizadas por una alteración de los niveles séricos de lipoproteínas plasmáticas y responden a causas genéticas, metabólicas y condiciones ambientales.

El colesterol es un lípido de la sangre que debe ser tenido en cuenta. Una parte se elabora en el hígado y la otra es aportada los alimentos de origen animal (carnes, lácteos, embutidos, vísceras y huevos)
Cuando la cantidad de colesterol supera los valores normales, se transforma en un factor de riesgo, porque predispone problemas coronarios y circulatorios, por obstrucción arterial.

Dentro del colesterol existen dos fracciones, el colesterol HDL o “bueno” encargado de limpiar las arterias y el colesterol LDL o “malo” que las va tapando. Se aconseja un nivel de colesterol inferior a 200 mg % y un LDL colesterol menor de 130 mg %

Los trastornos de los lípidos pueden ser primarios (hereditarios) secundarios (consecuencia de alguna otra enfermedad) o poligénicos (alteraciones menores del metabolismo lipídico que interactúan con factores ambientales, principalmente la dieta)

La mayoría de las veces la detección de los trastornos lipídicos en los niños se realiza en forma accidental, durante un control general. Sin embargo el diagnóstico debe sospecharse y orientarse mediante una búsqueda cuidadosa de los antecedentes familiares:

* Dislipidemias o hipercolesterolemias mayor de 240 mg % en los familiares cercanos
* Muerte súbita, enfermedad cardiovascular temprana (antes de los 55 años).
* Dislipidemias secundarias a una patología de base u otros factores de riesgo

Es importante tener en cuenta también el nivel de triglicéridos, que es otro tipo de grasa que puede obstruir las arterias y causar enfermedades.
Los niños con antecedentes familiares pueden ser clasificados según los niveles de colesterol obtenidos en tres categorías:
· Aceptable (< 170 mg %)
· En el límite de la normalidad (170 y 199 mg %)
· Elevado (> 200 mg %).

En los niños cuyos niveles de colesterol se encuentran en niveles aceptables se recomienda realizar nuevas determinaciones en un plazo de 5 años. Si los nivel se encuentran en el límite de la normalidad se deben repetir las determinaciones en un período breve y si los niveles de colesterol son elevados (mayor de 200 mg %) se debe efectuar una determinación de LDL colesterol o “colesterol malo”.

Si el dosaje de LDL colesterol se encuentra en el límite de la normalidad (110-129 mg %) se debe realizar orientación dietética y repetir el dosaje en un año. Si la elevación es persistente o muy alta (mayor de 130 mg %) deberán ser sometidos a una evaluación clínica para descartar causas secundarias o enfermedades que pudieran provocar esta situación

Durante el primer año de vida la colesterolemia tiene estrecha vinculación con los factores nutricionales. Se debería esperar hasta los 18 a 24 meses de edad antes de realizar estudios de detección precoz del metabolismo lipídico, verificar resultados anormales o tipificar una dislipidemia, dado que a partir de ese momento, el colesterol plasmático comienza a seguir un canal o “track” definido. El concepto de “tracking” describe la continuidad en el tiempo de una variable biológica y es útil porque permite realizar una intervención en el momento oportuno, en familias o en pacientes con alto riesgo futuro.
Una medición de colesterol superior a 400 mg % sugiere alta probabilidad de hiperlipidemia familiar. El dosaje de colesterol a partir de los 12 años de edad es el mejor factor predictivo de la colesterolemia adulta, por lo tanto una hiperlipidemia descubierta durante la adolescencia tiende a persistir hasta la edad adulta de no mediar tratamiento.

La segunda etapa para el diagnóstico de dislipidemia, consiste en medir el colesterol y los triglicéridos en los consanguíneos de primer grado del niño afectado (padres y hermanos)

Existe una relación directamente proporcional entre colesterol LDL o “colesterol malo” y aterosclerosis coronaria (obstrucción de arterias coronarias), cuyos precursores comienzan en la infancia. La elevación del nivel de colesterol en edades tempranas desempeña un papel importante en el desarrollo de enfermedad en el adulto.

Una vez identificados los factores de riesgo, comienzan a ejercer su influencia desde la infancia como la obesidad, la vida sedentaria, el stress y el tabaquismo pasivo o activo en adolescentes.

El colesterol es un producto del metabolismo animal y se encuentra en la carne, hígado, sesos y yema de huevo (una fuente particularmente importante) La normalización del colesterol plasmático se logra reduciendo el colesterol de la dieta, una disminución de 100 mg en la ingesta diaria provoca un descenso de 5 mg % en sangre.

Las grasas de origen animal poseen una alta proporción de ácidos grasos saturados, cuyo exceso favorece el aumento del colesterol y el desarrollo de la aterosclerosis, cuya principal consecuencia es el infarto de miocardio. En cambio las grasas de origen vegetal tienen mayor contenido de ácidos grasos poliinsaturados, por eso el 60 % de las grasas de la dieta deben ser de origen vegetal.

La primera meta de un programa nutricional para niños debe ser la de mantener un crecimiento óptimo, un buen desarrollo y una buena salud durante la infancia, cualquier modificación de las dietas infantiles siempre debe ser cuidadosamente valorada, para tener la seguridad de no comprometer el crecimiento.

En base a las observaciones realizadas en EE.UU. en poblaciones pediátricas, se considera que un nivel de colesterol entre 140 y 160 mg % asegura un crecimiento y desarrollo normal.

Las grasas saturadas o “grasas malas” se encuentran en los alimentos de origen animal y se deben consumir con moderación porque promueven el aumento del colesterol total y del colesterol malo (LDL). Son más aterogénicas o sea que tienden a depositarse en las arterias causando obstrucción

El pediatra debe contribuir a la adquisición de hábitos dietéticos sanos durante la infancia, teniendo en cuanta que las grasas constituyen durante los primeros dos años de vida el principal aporte energético total.
Se debe contemplar la enseñanza a los padres de una correcta alimentación que considere el consumo y la calidad de las grasas desde la infancia. Dado que el consumo adecuado de ácidos grasos y colesterol, disminuye sensiblemente la expresión de las dislipidemias poligénicas, evita los efectos dañinos del colesterol alto sobre la pared arterial y cumple la función de prevención de la enfermedad cardiovascular. O sea una “dieta prudente”, con moderados cambios es más importante que la supresión de alimentos específicos. La dieta de niños sanos mayores de dos años debe estar constituida por alimentos variados, ser adecuada para la edad, a la tasa de crecimiento y a la actividad, con un aporte calórico que asegure el mantenimiento de un peso normal. El consumo de calorías proveniente de las grasas no debe ser mayor de 30 % de las calorías totales, las grasas saturadas no deben superar el 10 % del total y el consumo de poliinsaturados y monoinsaturados debe ser de 10 % aproximadamente.

La falta de fibra en la dieta aumenta la absorción de colesterol. O sea que el aumento de fibra dietario, especialmente la fruta (pectina) y las verduras (ligninas) inducen el descenso de colesterol sanguíneo.

La tendencia actual hacia un consumo disminuido de grasa saturadas, colesterol y sal, junto a un aporte aumentado de grasa poliinsaturadas, puede aplicarse con moderación en niños mayores. Para eso es importante:
- Reemplazar la manteca o margarina común por margarinas 0% trans.
- Utilizar aceites vegetales en pequeñas cantidades y en crudo. Para cocinar utilizar rocío vegetal.
- Considerar las grasas ocultas o “no visibles” que se encuentran en las golosinas, helados, galletitas, tortas, mayonesas, etc
- Consumir lácteos descremados.
- Incluir en la alimentación aceite de oliva y de canola, ricos en omega 3,6 y 9.
- No re-utilizar el aceite de las frituras.
- Consumir productos con bajo contenido de grasas trans o hidrogenadas (leyendo la composición de las etiquetas obligatorias) según normas que entraron en vigencia a partir de 2006.
- Se sugiere disminuir progresivamente la ingesta de aceites hidrogenados, presentes en galletitas, pan, facturas, chocolates, alfajores, productos de copetín y fast food.
El aumento de la actividad física por sus efectos sobre la función cardiovascular, la adiposidad y los lípidos séricos es beneficioso. El realizar una actividad aeróbica durante 20 minutos tres veces por semana, aumenta el colesterol HDL. Los preadolescentes activos tienen niveles más altos de colesterol HDL y niveles más bajos de triglicéridos, a pesar de que consumen más calorías.

Conclusiones:
* La mayoría de los niños no presentan sintomatología, por eso es importante realizar un rastreo cuidadoso y objetivo de las familias con antecedentes de enfermedad coronaria precoz (antes de los 50 años).
* Es importante tener en cuenta el tipo de alimentación en la aparición y el mantenimiento de niveles plasmáticos elevados de colesterol total y LDL, particularmente en niños mayores.
* La OMS recomienda limitar la ingesta de grasas, sustituir las grasas saturadas por grasas insaturadas y tratar de eliminar los ácidos grasos “trans”, leyendo cuidadosamente las etiquetas de los alimentos.
* Aumentar el aporte de verduras, frutas, fibras y pescado (ingerirlos como mínimo dos veces por semana) Evitar las frituras, chocolates, grasas y manteca.
*Consumir pescado una o dos veces por semana (aporta grasa monoinsaturadas)
* El chocolate no se recomienda en los niños pequeños por la complejidad de sus grasas y por el contenido de ácido oxálico, que disminuye la absorción de calcio.
* Es conveniente limitar la ingesta de alimentos salados como papas fritas, frutos secos y palitos salados.
* Recordar que las barritas de cereal aportan fibras.
* Normalizar el peso si es necesario.
* Realizar actividad física regularmente o caminar 30 cuadres 3 veces por semana, como mínimo.
* El papel más importante de la prevención consiste en procurar una adecuada ingesta de alimentos y promover a los niños y adolescentes a que consuman menos grasas totales y colesterol en su dieta diaria. El pediatra debe insistir en este punto en sus conversaciones con los padres y los pacientes.
* Los padres pueden contribuir con el ejemplo a la formación de estilos de vida saludables, para mejorar o descender las tasas de mortalidad por enfermedades crónicas no transmisibles.


Dra. Silvina A. Cuartas
Médica Pediatra

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