La adaptación es una situación
llena de emociones, miedos, ansiedades dudas y deseos
que se dan simultáneamente e involucra a
todos: chicos, padres, docentes, institución.
No hay recetas mágicas ni un manual de instrucciones
“para que se adapten bien”.
Cada chico es único y diferente, trae su
propia historia de vida, de familia, de vínculos
con características particulares y desde
ahí vivirá su proceso.
Pautas a considerar:
Ser pacientes y respetar los tiempos internos de
cada chico.
Acompañarlos sin engancharnos con las idas
y vueltas (son normales los altibajos) ni con los
enojos, la adaptación es gradual.
Seguir las indicaciones de la maestra, aunque a
veces cueste, especialmente si lloran o están
angustiados. Despedirse con tranquilidad
y con una sonrisa si es posible.
Compartir y evaluar con la institución dificultades
asociadas que puedan estar atravesando: en la alimentación,
el sueño, dolores de panza, fiebre, etc.
Ofrecerles llevar de casa un objeto mediador (osito,
frazada, etc), lo ayudará a sentirse más
seguro, es un recurso que les permitirá
transitar la ansiedad de las primeras separaciones.
Es fundamental observar cómo están,
que necesitan y hablarles mucho.
Los chicos sienten ambivalencia, tienen ganas de
jugar con otros chicos, necesidad de otras
experiencias y de seguir creciendo, pero también
sienten temor a lo nuevo y a estar lejos de mamá.
¿Cómo sabremos que se adaptó?
Cuando reconoce a la maestra, al espacio físico
y se siente parte de un grupo.
Si pudieran expresar en palabras lo que piensan
y sienten dirían: “Podes irte, ya me
animo a quedarme solo porque se que vas a volver
a buscarme y tengo confianza en que no me vas a
dejar más tiempo del que puedo estar”.
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