Cómo
integrar una familia ensamblada y no morir en el intento
El éxito al formar una nueva familia
luego de un divorcio dependerá, en gran medida, que sus integrantes
hayan hecho una buena separación, madura y adulta, de sus
relaciones anteriores.
Después de una separación, parece impensable la idea
de reconstruir la vida amorosa. Sin embargo, muchas veces el deseo
es más fuerte que la duda.
A pesar del miedo a reincidir que provoca dar un nuevo sí
ante el juez, las promesas de amor siguen de moda.
El segundo matrimonio no significa solamente “volver a la
normalidad”, sino también corregir errores y sentir
que se puede volver a empezar; armar un proyecto en común
con un sello profundo, con una nueva confianza en la pareja.
Ser parte de una nueva familia significa introducirse en una microcultura
de costumbres, valores, ritos, pautas y códigos propios,
y también, al ingresar a este cosmos familiar, se pone a
prueba nuestra capacidad de adaptación, de apertura y de
tolerancia.
Claro que para esto no existen claves ni recetas mágicas.
Cada pareja irá formando sus propias pautas a medida que
avanza la relación.
¿Y los chicos? Es importante que ellos perciban un equilibrio
en la nueva pareja. Para esto, deben presentarse como una unidad
y luchar juntos por mantener la cohesión del grupo ensamblado,
y al mismo tiempo, enriquecerlo.
Porque, a decir verdad, llevar adelante una familia ensamblada requiere
de mucho trabajo y sobre todo, permanentes negociaciones con cada
uno de sus integrantes.
Entonces aparecen las dudas “¿cómo debería
comportarme con los hijos de mi pareja?”; “¿qué
lugar ocupo yo en esta nueva familia?”.
Para encontrar el propio espacio en este álbum emocional
que comienza a forjarse es importante no tratar de ser ni igual
ni del todo diferente de la nueva familia “que le tocó
en suerte”, sino buscar el punto de equilibrio, siempre partiendo
de aspectos que sean exclusivamente suyos y no prestados. En otras
palabras: no perder la propia identidad y ser uno mismo.
A diferencia de las familias tradicionales, en las ensambladas hay
más personajes en juego. Cada uno de ellos tiene características
propias: sus conflictos, su manera de vivir, y se necesita una energía
extra para afrontarlos: hijos de la pareja, ex parejas, ex cuñados,
ex suegros, nueva familia política… y la lista puede
seguir.
Pero lo importante es optimizar las crisis y aprovecharlas para
crecer…
Estrenar nuevos contratos, es decir, ponerse de acuerdo con determinadas
reglas y tener en cuenta el bagaje emocional que trae el otro para
poder entremezclarlo con el nuestro.
Cuando una persona se separa se produce en ella un cambio profundo:
tambalean viejas costumbres, gustos, ganas y sensaciones. Se replantea
la vida pasada, los vínculos, el trabajo, las “asignaturas
pendientes”.
Es una crisis general que empieza por la separación en sí
y continúa eventualmente con la formación de una nueva
pareja. Pero la posibilidad de volver a enamorarse es fantástica,
es tener una segunda oportunidad en la vida de volver a sentir todas
y cada una de las “primeras veces” en el amor.
Una especie de revancha, de ballotage amoroso que nos ubica en una
posición madura de decidir estar al lado de una pareja y
una familia que nos haga bien.
Lic. Beatriz Goldberg
Psicóloga
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