Según los resultados de un estudio de la Universidad de Rochester (Estados Unidos) publicado en la revista Pediatrics, que analizó a cerca de 5.400 niños y adolescentes de 6 a 16 años, pone de manifiesto la importancia de incluir en las dietas alimentos ricos en hierro con el fin de cubrir las actividades diarias. Según GENA, los chicos de 10 a 14 años deberían consumir entre 12 y 15 miligramos de hierro al día y 18 en el caso de las chicas.
El déficit de hierro es una asignatura pendiente en muchos países. Por ejemplo, un estudio realizado en España en el año 2002 por el Centro de Salud de Estella-Lizarra, publicado en la revista Atención Primaria, con un grupo de 204 niños y adolescentes, puso de manifiesto que las reservas de este mineral entre los más jóvenes de ese país también son inferiores a las recomendadas, en concreto en un 10 % de los casos. En chicos, este porcentaje es del 8 %, mientras que en las chicas llega hasta el 12 %, debido, principalmente a la menstruación. Esta misma investigación ha demostrado que un 3 % de los casos sufren anemia ferropénica.
La Fundación Argentina Contra la Anemia realizó un estudio en el año 2004, del que participaron 105 niños menores de 5 años del Gran Buenos Aires: mostró que 26,6% de los niños tenía anemia, y entre los niños sanos, 11,4% tenía bajos los depósitos de hierro, lo que indica anemia latente.
El organismo contiene aproximadamente entre 3 y 4 gramos de hierro, fundamental para numerosas funciones vitales. Una de las más importantes es su unión con la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos que permite transportar oxígeno a todos los tejidos del organismo.
Todo el hierro del organismo proviene de la alimentación. Si no se consume la dosis necesaria las reservas van disminuyendo poco a poco, hasta que aparece la anemia ferropénica, que es la manifestación clínica más frecuente de la carencia de hierro. Los síntomas más frecuentes son fatiga, debilidad, apatía y palidez entre otros. También se ha determinado que la carencia de hierro se asocia a una disminución del rendimiento escolar y físico, así como perturbaciones en las defensas inmunitarias.
Las carnes rojas y en particular el hígado aportan una cantidad considerable de hierro a nuestra dieta. El hierro que aportan ciertos vegetales como la espinaca y las legumbres es absorbido en menor medida por el organismo. Se puede mejorar la absorción del hierro al consumirlo conjuntamente con frutas ricas en vitamina C.
Se debe llevar al niño periódicamente al pediatra, ya que éste puede prescribir suplementos de hierro en forma preventiva, sobre todo en las etapas del crecimiento en que el aporte nutricional no satisface los requerimientos del organismo.
Cuando su falta ocurre en los primeros años de vida, el daño causado es irreparable.
El hierro es considerado un metal esencial no sólo para el crecimiento normal, sino también para el desarrollo mental y motor del individuo. Siendo tan crucial, su deficiencia es padecida por una gran proporción de la población mundial; y además gran parte de ella se acompaña de anemia. Ante este cuadro, el hierro juega un papel de capital importancia en un órgano esencial como es el cerebro, ya que es ahí donde alcanza su mayor concentración. Sin embargo, ésta no es homogénea, existen áreas con mayor concentración que otras. Es en ellas donde la deficiencia repercutirá en el deterioro de la función neurológica.
El principal papel del hierro en mamíferos es el de transportar oxígeno. Es tan importante este metal que en los primeros años de vida, el 80% del total de hierro que existe en el adulto fue almacenado en su cerebro durante la primera década de la vida.
Se considera que la deficiencia de hierro es el problema nutricional más prevalente, ya que cerca de 1.500 a 2.000 millones de personas están afectadas por él. Según la Organización Mundial de la Salud, esta deficiencia afecta cuanto menos al 20-25% de todos los lactantes menores; al 43% de los niños hasta cuatro años y al 37% de los niños entre los cinco y los doce años de edad (WHO, 2002).
El hierro juega un papel de capital importancia en un órgano esencial como es el cerebro.
La deficiencia de hierro se puede producir de varias maneras: la primera, cuando la absorción es insuficiente para satisfacer las necesidades; la segunda puede ser debida a una ingesta inadecuada; la tercera, una reducción de la biodisponibilidad del hierro en la dieta, un incremento en la necesidad o una pérdida crónica de sangre. Si la deficiencia de hierro se prolonga, llevará a una anemia por deficiencia de hierro, lo cual constituye un importante problema de Salud Pública (dado el impacto tanto en el desarrollo psicológico y físico, como en el comportamiento y rendimiento laboral).
Las personas más susceptibles a desarrollar esta patología son los niños lactantes, preescolares, adolescentes y las mujeres en edad fértil, sobre todo la mujer embarazada.
Para ampliar el concepto de la anemia por deficiencia de hierro, podemos definir como un déficit de hierro corporal total producido cuando los requerimientos de hierro exceden el suministro fisiológico de éste o por la pérdida del mismo, lo que resultará en un balance negativo.
Varios síntomas observados como cansancio, agotamiento, nerviosismo, falta de energía, poca capacidad de concentración, dificultad para encontrar las palabras adecuadas, dolor de cabeza en las mañanas, disforia depresiva, labilidad psicológica, disminución de la eficiencia, pérdida del apetito, aumento de la susceptibilidad a la infección y falta de memoria, suelen relacionarse con la anemia.
Se supone que estos síntomas son producidos por una menor capacidad de los eritrocitos para transportar oxígeno, pero allí el hierro por sí solo tiene un impacto importante en el cerebro y por consiguiente, en los problemas mentales; eso quiere decir que perfectamente todos estos síntomas pueden presentarse aún en pacientes que aunque tengan deficiencia de hierro no se encuentren anémicos.
Adaptación de "Hierro y función cerebral" de Diego Rincón Castillo MD, en "Farmacología del hierro", aprobado y recomendado por el Anemia Working Group Latin America (AWGLA) y la Asociación Latinoamericana de Farmacología (ALF). La anemia se puede prevenir
Los especialistas recomiendan una correcta alimentación que contenga alimentos ricos en hierro, como las carnes rojas.
Algunos vegetales como la espinaca y las lentejas también contienen hierro, pero éste es absorbido en mínima cantidad; por eso es bueno acompañarlos con cítricos, ya que la vitamina C favorece dicha absorción. Tomar té, café o mate inmediatamente después de las comidas inhibe la absorción del hierro. Es fundamental el control médico periódico.
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