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> Nota del Lic. Daniel Egea
Fobias Infantiles
Aquel miedo incomprensible que limita la actividad del niño
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Aquel miedo incomprensible que limita la actividad del niño,
"Ya no sé que hacer con mi hija, empezó primer grado y cada vez que nos acercamos a la escuela se angustia, se tira al suelo a llorar y no hay forma de hacerla entrar", ¡cómo poder explicar esta conducta en una niña que no presenta problemas en otras áreas?. Si le preguntamos a la niña acerca de los motivos que le impiden asistir a la escuela sin angustiarse, no logrará darnos una respuesta que nos ayude a comprender sus razones. Es que la niña no podrá explicar aquello que no conoce, al menos en forma consciente. De ahí que toda "receta" acerca de cómo poder enfrentar el problema será inoperante, como por ejemplo premiarla si concurre, estimulando muchas veces el recrudecimiento de la manifestación adversa. Entendiendo que se trata de una fobia escolar, la consecuencia es clara: la limita socialmente, observando por lo general, como sintomatología asociada: nerviosismo, importante aprehensión y en algunos casos, la asociación con síntomas físicos (dolor de estomago, de cabeza, quejas de fiebre y tos).
Es importante enunciar características diferenciales entre: fobia, angustia difusa y miedo. Mientras que la fobia está ligada a un temor injustificado y no razonable ante objetos (escuela, ascensor, tren, etc.) seres (animales, personas, personajes irreales, etc.) o situaciones (ataque a los ojos, al contagio, al fuego, a los truenos, etc. ) en las cuales el niño reconoce lo ilógico de aquel temor (...sé que la maestra es buena y en la escuela no me va a pasar nada malo), en la angustia difusa no aparece la referencia a algún objeto o situación particular, mientras que el miedo responde a un peligro real, como por ejemplo el temor a las alturas.

Conocer esto es importante para poder determinar las causas y consecuencias de los temores que se presentan en los niños. Cuando se trata de una fobia específica, habrá que tener en cuenta que el niño ha logrado desplazar el miedo que le genera un objeto o determinada situación hacia otro objeto o situación más inofensiva.

Una característica esencial de la fobia consiste en que, de no resolverse a tiempo tiende a agravarse, ampliarse y cronificarse, limitando cada vez mas al niño en las distintas actividades. Así por ejemplo, un niño que comienza a expresar temor intenso ante los perros grandes, luego podrá extender sus miedos a todos los perros incluidos los pequeños, para en un tercer momento, comenzar a temer otro tipo de animales, esto generará que no pueda acudir a casa de familiares y amigos que tengan perro. La extensión de los temores, implica un retraimiento cada vez mayor a la vez que obliga al niño a manejarse con conductas evitativas para intentar no toparse con el objeto fobígeno o bien requerirá de la construcción de un objeto contrafóbico que le permita enfrentar aquello que teme (por ejemplo, en el caso que describimos el niño se asegurará, de tener permanentemente un elemento para su defensa, generando una crisis de angustia si ese elemento en particular es extraviado).
Todo esto requiere un enorme gasto de energía psíquica, sin poder resolver la causa primera de esta sintomatología, lo cuál obligará a sostener el problema en forma permanente, si bien es posible que el objeto fóbico sea modificado sucesivamente a lo largo del desarrollo del niño. El objeto fóbico tiene, pues, un valor sustitutivo; no es más que el disfraz simbólico de lo que reemplaza, por lo tanto puede modificarse y agravarse con relativa facilidad.

Entendiendo la manifestación de una fobia como una construcción sintomática, habrá que tener en cuenta que es importante consultar ante la persistencia de la misma, dando la oportunidad al niño a poder poner este conflicto en palabras. Así es que, conociendo la génesis del problema, podrá encontrar los mecanismos necesarios para su resolución. Por otro lado, todo el grupo familiar encontrará "el sentido" a aquello que de otra manera no puede manejar.

Cuando aparecen crisis de angustia, sin la necesidad que se presente un objeto o situación determinada, es importante tener en cuenta que estos temores difusos sostienen, como en el caso de la fobia específica, un conflicto intrapsíquico que deberá ser resuelto con la ayuda de un psicoterapéuta de niños. En general las manifestaciones de angustia suelen coexistir con trastornos del sueño, insomnio en particular, trastornos del apetito, trastornos respiratorios, digestivos o cardíacos. Este tipo de manifestaciones es mas frecuente en el período prepuberal.
Hay dos clases de fobias: una más leve y otra más grave. Los de la primera clase desde luego sufrirán angustia cada vez que anden solos por la calle pero no por ello dejan de hacerlo. Los de la segunda clase "se protegen de la angustia renunciando a andar solos".

Lic. Daniel Eduardo Egea
Psicólogo Clínico
Niños y adolescentes
www.danielegea.com.ar

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